lunes, 15 de marzo de 2010

irremediable

En veces, irremediablemente, uno se esfuerza por joderse la vida, por ponerse a triste a fuerza de golpe cuando razones no hay.
En esas veces, uno pone las canciones con la letra más temible y se sienta en el rincón más oscuro, sofoca uno, sin ayudas, todos sus deseos. Come de a poco y se desabriga el cuerpo para provocarse temblores que se crean escalofríos para más tarde sentir débil el cuerpo.

El ser humano es si acaso el especimen más extraño y viendo como se derrumba todo bajo su piel, en vez de gritar por auxilio o movilizarse para conseguir no caer del todo, toma asiento, se reclina y se detiene a admirar la función, a aplaudir el show, a apreciar el holocausto de su autoestima. El ser humano es un maldito predador de sonrisas propias, de suspiros, de ánimos. Es un sembrador de ojeras, de cansancio, de manos frías.

Resulta irremediable pedir algún cambio cuando las cosas se ponen así. Cuando tu yo interno ha tomado entre sus dedos los pinceles y ha corrido en busca de la paleta de tonos grisáceos, más vale sentarse y esperar a que termine con todo el trajín de máscaras...

sábado, 30 de enero de 2010

Un pequeño silencio.

Muchas de las veces, mis esfuerzos no son suficientes y tú no terminas por entenderme. Otras tantas de las veces, no hago ni el menor esfuerzo por que me entiendas, pienso, sencillamente que no vale la pena.
¡Digo!, tú tampoco te esfuerzas por escudriñarme, debemos establecer un acuerdo que diga claramente que no te facilitaré por entero el camino. Es tarea de dos, así son las cosas.

De cada diez obreros que salen por esa, tu puerta, ocho tienen malas intenciones y los otros dos, son holgazanes. Es preciso que sepas que ya me agoté de buscar sin éxito algo bueno que obtenerles. ¡Sólo me dan más trabajo!, ¡y el ya hecho lo desmoronan poco a poco!
Tú no me estás ayudando...y la empresa se va a pique.
Quiero salvarla, en serio que quiero. Pero sola no puedo hacer gran cosa.

Siempre has dicho que estoy mal, no es errada la idea. Yo misma sé que estoy mal, pero igual jamás te detienes a pensar que todas las deficiencias existentes en el mundo y en las cosas, tienen un motivo, bueno o malo, pero motivo al fin.
Hay algo dentro de mí que necesita reparaciones y no te has preocupado por saber que es.

Dame un pequeño silencio, brevísimo igual que tu paciencia. Abre los ojos y cierra la boca.

Venga mamá, que yo te espero...aunque no quiero...

domingo, 27 de diciembre de 2009

Me he portado mal.

Me he portado muy mal últimamente. Pero la culpa no la tengo yo, y no es excusa, tampoco pretendo responsabilizar a nadie...De acuerdo, sí es mi culpa.
Me he portado mal y es mi culpa, de nadie más.
Está grave eso de portarse mal.
Mi mal comportamiento me hace parecer un ogro; cuando me porto mal yo no soy divertida como los niños pequeños que rompen un jarrón o derraman la sopa.

Hace algún tiempo un agente externo que a la fecha ya empiezo a creer que es patógeno, arribó a mi sistema proyectando luces de color neón, neón y chillante, todo un espectáculo de lo más desagradable. Entró intempestivamente y sin presentarse; no hace falta que lo haga, yo le conozco lo suficiente. Se acomodó al fondo a la izquierda pegándose como lapa a mis pensamientos intocables...así es...se atrevió a pegarse a la puerta dónde duerme el fénix.
Toleré su presencia durante varias horas y el fénix se dedicó a ignorarla olímpicamente.

Respiré profundo mientras veía como su gélida corporeidad carcomía la pintura de la puerta y las paredes, comencé a jugarle bromas pesadas mientras el fénix no me veía...sólo pensaba en hacerle daño y conseguir alejarla de su "nueva morada" para trabar con ella una batalla justa.

Pero se dió cuenta... el fénix se dió cuenta de mis maquinados movimientos, de mi inconsistente concentración, de mi bilis matutina y me encerró entre sus cuatro paredes para exigirme una explicación...
-¿por qué es que te portas tan mal últimamente?-
-no me porto mal-
-sí, si lo haces, respondes mal, rompes las cosas, no comes bien, olvidas los deberes-
-pués sí me porto mal es tu culpa-
-¿por que mi culpa?-
-por que viste que llegó y se pegó a tí y lo está descomponiendo todo y tú no dices nada, es ESO lo que me tiene así y hace que me porte mal-
-¿quién la hizo venir?-
-yo no...-
-yo tampoco, y a decir verdad no me importa que esté aquí, es un fantasma, es nada, y yo no siento que esté descomponiendo nada, más bien creo que eres tú la que está desarreglando todo tratando de desaparecer algo que ni siquiera está aquí...-

El fénix se fué caminando sereno como siempre y cerrando la puerta tras de sí. Le gustaba jugar con mi mente y era eso lo que acababa de hacer...¿cómo me decía que no estaba ahí cuándo yo la veía más viva que el sol burlándose de mí por todas las esquinas diciéndome cosas horrendas?, el fénix estaba perdiendo la cordura. Y yo estaba perdiendo la calma.
Me recosté en la cama que no era la mía y tomé la almohada del fénix...olía a él, todo olía a él, se había adueñado por completo de esa pequeña habitación a la que llegó aquel soleado jueves de octubre.
Me quedé dormida pensando en que quizá tenía razón, yo debía empezar por creerle más al fénix, y por ahí, probablemente era buena idea empezar...sí el decía que todo era producto de mi imaginación y que no había nada pegado a su puerta más que mi acechante mal humor, yo le creía...yo quería creerle y lo iba a hacer.

La visión no estaba ahí...está muerta, yo la traje de entre los escombros y la metí en mi cabeza...en la mía por que en la del fénix no cabe, ¡¡él sólo veía polvo donde yo veía un gigantesco volcán!!, y yo debo empezar a ver menos que polvo.

Y ahora vengo aquí, con sus palabras resonando en mi cabeza: "es un fantasma, es nada".
Vengo aquí sintiéndome fatal por portarme mal con el fénix que sólo me ha dado amor y tranquilidad.
Vengo aquí repitiéndome que la espeluznante pesadilla "es nada" y ya no importa.
Vengo aquí en un intento por redimir el camino y pedirle al fénix que me castigue, pues me he portado mal...

sábado, 24 de octubre de 2009

Escuché decir

Escuché decir una vez que las personas, escribimos y redactamos en la forma en la que hablamos...después de mucho pensarlo, concluí que esa es una quimera.
Tomé mi caso y lo puse bajo la lupa:
Yo no paro de hablar nunca, el silencio en mí, es signo de furia o de tristeza; dado pues, mis ideas habladas suelen perder los lazos que las conectan a sus hermanas que vienen en los vagones contiguos del enorme ferrocarril que es mi verborrea.
Afortunadamente, tengo la ventaja de poder desandar el camino, permitiéndome volver sobre mis palabras, y respirando profundo, intentar explicar mis necias ideas que erraron el camino.
Haciendo gestos, me ahorro cincuenta palabras, y con un término -mal empleado- de mi jerga particular le brindo a mi paciente escucha toda una serie de imágenes que solo él y el contexto le dan significado...
Hablando se simplifican y se ejemplifican las situaciones, adivinando los pensamientos deshatados en las personas que nos escuchan; se improvisa y se realizan ajustes como si anduviéramos en bicicleta paseando por una calle sin pavimentar: sorteando las dificultades pero sin eliminar su presencia.
Escribiendo, no me puedo permitir eso, escribiendo me tardo cien horas socavando los posibles baches en ésta, mi propia avenida.
Escribiendo, pongo en las manos del que me lee, toda mi confianza, imaginando que comprende cada letra y escudriña entre líneas.
Escribir me exige un orden estricto y meticuloso -muy propio- que tenga como fin último, evitar las confusiones y divagaciones al máximo posible.
Cuando escribo, quedo al descubierto por completo.
Escribir es una batalla frente al papel en blanco que siempre termino por perder pero que también disfruto inmesurablemente...
Pienso, y luego escribo...pero a veces hablo y luego pienso... Ustedes procuren hablar y escribir después de pensar para que vengan a cerrarme la boca...

sábado, 19 de septiembre de 2009

Junto a mí...

Aquí sentada por un lado tengo a mi conciencia,trae jeans y está despeinada...¡todo indica que sí es mía!, la paso bien con ella.
Anda muy distrída la condenada...hace rato me perdí y me encontré -sin ella- montada en un vuelo a París y me bajé corriendo del avión, creo que a nadie le importó, lo cual viene siendo un alivio. Yo no quiero ir a París ¿o sí?, no, no quiero, no me conviene ir a París, pero igual y en una de esas, yo si le convengo a París ¿no?. Eso prefiero no saberlo...¿o no?.

¡Total!, salí del avión y me puse a buscarla pero no la encontré...y le llamé pero su localizador sonó dentro de mi cabeza; refunfuñé un rato y me puse a caminar, pero me faltaba ella para saber a donde iba exactamente, ¿a donde iba?. ¡Pues quien sabe!, cualquier sitio era bueno.

Y cualquier sitio es exactamente donde fuí a dar, y ¿que hice?, ¡ah si!, me puse a buscarla pero no la ví y seguí caminando y choqué varias veces ya no recuerdo con qué y dí varios traspies, me sentí muy poderosa y seguí caminando pensando que quizás hubiera sido buena idea irme a París, parece desde lejos buen sitio, aunque igual y viéndolo de cerca, ya no me gustaría tanto, además vive ahí mucha gente que estoy segura no me caería para nada bien. Me deshice de la idea y seguí caminando pero me volví a tropezar y otra vez, y una vez más y a la vencida que fué la tercera me caí y quedé...inconsciente no, por que eso ya estaba desde hacía un buen rato...quedé...quedé...¡bueno!, el chiste es que quedé y no me pude levantar y entonces cerré los ojos y como no supe que hacer empecé a llorar, no mucho, si no poquito ¿o sí fué mucho?.

Seguí con los ojos cerrados hasta que oí risitas junto a mí, o más bien eran llantitos, ¿o llantitas?, ¡no!, sí eran llantitos, era ella, mi conciencia, que según me andaba buscando la muy cínica...¡¡¡si era yo quien la buscaba!!!, pero bueno, apareció, aunque se negó a entrar en mi cabeza...y por eso está aquí junto a mí sentada.

La paso bien con ella, aunque creo que la paso mejor si ella está en mi cabeza, ¿o no?, bueno al menos no me caigo tanto...o eso creo...además escribo mejor con ella dentro a juzgar por sus risitas tontas...
Sigo pensando en París...me hubiera ido...dos palabras bastaban para irme, me hubiera aguantado dos minutos más y ya estaría en París o en pleno naufragio...
En donde fuera pero sin conciencia...y eso no va siendo muy buena idea ¿no?, total, el vuelo zarpó sin mí...¿los vuelos zarpan?, ¡bueno!, el punto es que ya no me fuí a París...y es una pena ¿o no?.

Aunque ¡bueno!, aún sin conciencia dentro, parece que la decisión no estuvo errada...¿o sí?

jueves, 13 de agosto de 2009

Nos estamos haciendo viejos

A últimas fechas, es esta la frase que repito con más frecuencia, conversando melancólicamente con mis amigos de la infancia-adolescencia: "Nos estamos haciendo viejos".
Comencé a darme cuenta de ello, el día que cumplí la avanzada edad de 20 años. A ese despertar de mi ensoñación de caramelos y fantasías (ya bastante tardía por cierto) lo llamé "La depresión de los 20"; con mucha sorpresa pude identificar entre algunos de mis amigos cercanos a las dos décadas, los mismos síntomas que yo padecí al caer en dicha depresión.

No sabía si alegrarme por que no era la única loca que sentía necesitar un bastón para ir a la Escuela o si entristecerme por lo inminente de mi vejez y la de mis amigos.

Han pasado 7 meses desde que cumplí los 20 y he superado todo aquél drama. Pero los hechos hablan por sí solos, y cuando te encuentras sosteniendo en brazos a los bebés de tus amigas mientras ambas se quejan sobre las tareas de la Universidad y la falta de tiempo algo anda mal... o cuando enciendes la radio y en la sección de "oldies" en tu estación predilecta solo escuchas canciones de la década en la que creciste y que -obviamente- conoces e identificas a la perfección, las señales van siendo más claras.

Las cosas en tu vida ya tomaron otro rumbo cuando tus amigos te hablan de noviazgos "en serio" y planes de boda no muy despegados de la realidad, de nuevos trabajos y temas para la tesis.
Es fácil darse cuenta de que las cosas ya cambiaron (dando un giro de 180° y no de 360° por que éste último nos regresa al mismo sitio, en cambio el primero, nos deja en el polo opuesto) cuando ya no tienes tiempo para nada, cuando entregar tareas vuelve a ser (misteriosamente) importante, cuando ya mantienes una conversación seria sin reír e interesándote verdaderamente durante un tiempo relativamente largo.

Cuando piensas en el futuro haciendo planes pensando en empezar a ejecutarlos al día siguiente o cuando formar una familia, o terminar la carrera o viajar a París o comprarte un auto dejan de ser castillos en el aire para convertirse en situaciones a las que hay que darles una resolución pronto...ha llegado el momento de sentar cabeza y darte cuenta de que igual que todos...Te estás haciendo viejo.

No seas uno más en el club de Peter Pan y acepta esta bella época de tu vida...yo me lo repito cada mañana...
Afortunadamente, hay más geriatras cada día...

"Todos los románticos soñamos que moriremos jóvenes, [...] cuando llegué a la avanzada edad de 25, no había nada más planeado hacia adelante, pero sólo era el principio"
"Que fatalista se pone uno cuando está chamaco, ¡que le vamos a hacer!"
Paco Huidobro

lunes, 6 de julio de 2009

tengo, tengo, tengo...

Hace un rato andaba por estos lares escuchando a la buena Chavela Vargas, ah! pero que buenas rolas!. Entre todas las que tiene, existe una que formó parte de la banda sonora de Babel, la letra es muy buena, me hizo pensar en ustedes; fué como verlos en pequeñas caricaturas.
Moviéndose poco a poco en diminutas estampas de momentos que mi mente se ha encargado de capturar.
No se imaginan las tremendas ganas que tengo de verlos a muchos de ustedes, bueno!, siempre tengo ganas de verlos a todos; pero con algunos que -espero- están leyendo esto, tengo ya bastantes horas sin cruzar la mirada.

Es quizá que algunas cosas deben ser así y punto...pero me entraron ganas de salir a las calles y pasear con ustedes.
Verte a tí que te conozco como la palma de mi mano, que distingo tu caminar a kilómetros y sin lentes...
Encontrarme contigo que me haces reír aún a 1 hora de distancia para que por fin me des el nugget que me sigues debiendo (bueno, que sean dos)
Escuchar tu voz como si fuera la primera vez por que de cierto modo lo es, brindarte el prometido café...
Darte un fuerte a brazo a tí que ya eres hombre de negocios, aprovechar para darte dos ahora que tu cumpleaños está próximo...
Verte a tí que te veo diario...sentarme en ese oscuro rincón para que tu hagas descender la luz sobre mi cabeza, y compartas aún contra mi voluntad un delicioso plato de comida...
Verte a tí y platicar...hacerte hablar que mi mérito me cuesta...recibir de ti la cartera que seguro aún no lavas...pero así la quiero...no importa...
Sentarme contigo en esa banqueta de siempre...donde el tiempo sí pasa y volando...comer papas, sólo verte y platicar...
Escuchar tu risa, darte las nuevas, escuchar las tuyas, jalar tu cabello, divertirme como antes en tu compañía...

Son ustedes el por qué del título de la entrada. No hay mucho que explicar. Hombres y mujeres que vinieron a mi mente con las buenas letras de la señora Chavela. No me pregunten por qué ustedes, mi mente se manda sola y eso ya lo saben todos.
Tampoco se cuestionen si entre estas letras se esconde un mensaje oculto, escribí lo que vino a mí, ni más ni menos.
Les pido no se asusten si encuentran muy fuerte el tinte característico de las cartas amorosas, yo soy partidaria del amor, es lo que le hace falta al mundo...son especiales todos para mí, muy a su manera...o más bien, muy a manera. Todos de una forma distinta.

¿Que más quieren que les diga?

Solo me resta darles uno o dos besucos (ustedes deciden) y un fuerte abrazo a todos, desde aquí hasta la 4 casi 3, pasando por la 7 y haciendo escala en la 12, para correr a la Quebrada, sin olvidar pasar por Izcalli una vez salida de Parque, por que se hace tarde para llegar -a una hora decente- a Aeropuerto y volar -literalmente- a Mochis...