Hace algunos días (semanas ya) que cumplí los veinticinco. Y vengo para confirmarles que es a ésta edad cuando uno se da cuenta de que hay mucho más por vivir y se empieza a renunciar a la idea de morir joven. Tal vez por que comenzamos a creer que ya no somos jóvenes.
Pero si lo somos ¿o no? Yo me siento aún bastante inmadura como para ya no ser joven, bastante inmadura como para tener ya los veinticinco, creo que por eso estoy aquí preguntándome tonterías.
Han pasado veinticinco desde el 89, hay cosas que se han ido...la abuela y la inamovible hora de irse a dormir por ejemplo, pero también hay otras que se han quedado como la emoción por el primer día de clases y los juegos con la hermana.
Mi memoria es capaz de traerme a la mente situaciones que acontecieron hace 20 años, los gustos y la ropa de mi niñez ya son vintage, las canciones de mi pubertad ya están incluidas en los discos de oldies que venden en el metro y los juguetes que llenaban mis cartas de Reyes ya son de colección.
Son veinticinco y parece que han sido muchos más. El mundo, la vida, la gente, el tiempo...todo va muy rápido.
Particularmente hoy me ha atacado cierta ansiedad por recordar acontecimientos de mi infancia, me he sentido muy ansiosa por que no desaparezcan.
No hay más conclusión que la lógica y contundente sentencia de que tengo la crisis del cuarto de siglo amigos...
miércoles, 19 de febrero de 2014
martes, 1 de octubre de 2013
Cartas II
Hoy como tantas otras veces, me acordé de tí.
Si he de serte sincera, no me gusta mucho hablar acerca de ti con la gente, me queda claro que no te entienden y que piensan que soy una romántica por llevarte en mi pensamiento después de tanto tiempo...Que en realidad ni es tanto, tres años atrás nos conocimos y fuimos la pesadilla mutua durante todo un año, tal vez más.
Volviendo a la línea inicial de ésta carta, hoy me acordé de tí y el motivo es muy simple: al comienzo de éste ciclo escolar, cayó en mis manos un niño como tú, con el mismo diagnóstico que tú, pero con una historia muy distinta. Él es más grande que tú y sueña con ser chef, me agrada, como me agradaste tú pero de una forma diferente, no podría explicártelo.
Volví a pensar en que pude haber hecho más por tí, aunque tal vez me equivoque por que lo cierto es que hice todo lo que estuvo al alcance de mis posibilidades, pero intenta comprenderme...Quisiera volver el tiempo y estar ahí contigo de nuevo pero con la experiencia de hoy, quisiera haber podido lograr que entendieras que no toda la gente iba a respirar dos veces antes de pedirte que dejaras de cantar y dar vueltas y que no siempre ibas a encontrar quien ignorara tus berrinches y que eso no era bueno para tí. Quisiera haber tenido las agallas suficientes para gritarle al mundo que no te miraran como si fueras de color azul y que si tú no aprendías a leer, el mundo no se iba a caer a pedazos pero tampoco iba a estar esperando a que lo consiguieras y que lo mejor que podíamos haber hecho por tí era enseñarte a convivir sin intentar someterte al molde.
No necesito decirte que no lo hice. Pasé por tu vida y me fui esperando que a mi partida se te diera el trato que yo te di y no fue así. Tal vez la vida nos reúna más adelante o tal vez no.
Confío en que al menos cerca de tí haya alguien que se ocupe de lo esencial y tú, pequeña mía, puedes confiar en que yo haré con los niños que lleguen a mi lo que hice contigo...Y un poco más.
Siempre te llevo en mi pensamiento.
Octubre 2013
martes, 15 de enero de 2013
Primer libro
Recuerdo con claridad el primer libro que leí...lo encontré un día husmeando en los cajones de mi madre cuando apenas tenía 6 años. Me gustaba abrir uno de sus cajones en especial por que en el guardaba todas sus cosas de médico: botiquín, estetoscopio, otoscopio, abatelenguas y demás instrumentos que de solo verlos te sentías enfermo.
En ese cajón había también varios libros que nunca antes habían llamado mi atención; pero un buen día, el libro del Principito resbaló de entre las cosas de mi madre y cayó al suelo. Ví que en la portada se dibujaba un niño y automáticamente pensé que era un cuento. Me recargué en el filo de la cama y comencé a leerlo, de pronto me cansé del suelo frío, guardé el libro y me fui a jugar a otro lado. Varias veces repetí la operación hasta que un día mi madre me encontró sentada frente a sus cajones con el libro entre mis manos y me dijo: "llévatelo a tu cama" y me prestó un separador.
No sé a ciencia cierta cuanto tiempo después terminé por fin de leer "El principito" pero lo que sí se es que hoy, 18 años después, sigue muy viva en mi cabeza aquella imagen de la serpiente digiriendo un elefante y se también, hoy más que nunca que en efecto, los adultos no entienden nada.
En ese cajón había también varios libros que nunca antes habían llamado mi atención; pero un buen día, el libro del Principito resbaló de entre las cosas de mi madre y cayó al suelo. Ví que en la portada se dibujaba un niño y automáticamente pensé que era un cuento. Me recargué en el filo de la cama y comencé a leerlo, de pronto me cansé del suelo frío, guardé el libro y me fui a jugar a otro lado. Varias veces repetí la operación hasta que un día mi madre me encontró sentada frente a sus cajones con el libro entre mis manos y me dijo: "llévatelo a tu cama" y me prestó un separador.
No sé a ciencia cierta cuanto tiempo después terminé por fin de leer "El principito" pero lo que sí se es que hoy, 18 años después, sigue muy viva en mi cabeza aquella imagen de la serpiente digiriendo un elefante y se también, hoy más que nunca que en efecto, los adultos no entienden nada.
jueves, 25 de octubre de 2012
Días de muertos
Ésta mañana vi en el frente de una casa cercana a la mía, una sábana manchada de rojo que cubría un bulto que descansaba en el pavimento. Tras la obvia impresión, caí en la cuenta de que no había ninguna cinta de "no pase" ninguna patrulla, ningún curioso, ningún nada. Mi madre me señaló -no sin ironía- que obviamente aquello era por el halloween.
A mi me pareció excesiva la forma de "asustar" al transeúnte con ese pretexto y rápidamente expuse mi queja ante la única que podía escucharme en ese momento: mi madre. "Pero es que los niños..." alegué yo."Los niños de ahora saben perfectamente de que se trata la situación, los más pequeños no alcanzan a entender lo que tú sí entendiste y los más grandes no creen que sea verdadero" dijo ella.
No discutí más pero continué pensando en todo ésto del halloween y concluí por primera vez en mi vida (durante un tiempo creí que el día de muertos y el halloween podían llevarse bien y sobrevivir a la mezcla en santa paz) que es algo verdaderamente ajeno a nosotros, mexicanos. Rechazo abiertamente desde hace varios años éste "festejo" pero siempre lo había hecho bajo un motivo vago y de discurso pre-diseñado: "no es un tradición mexicana" y si bien, no es una tradición autóctona, actualmente está considerablemente arraigada en la gente.
Pero volviendo a mi conclusión, puedo afirmar que es algo muy ajeno en lo más íntimo del
mexicano y que incluso resulta un factor contra-cultura por que apela al miedo. Los hallowinistas se disfrazan para infundir miedo y sienten miedo por morir y por todo lo relacionado con la muerte. El mexicano por el contrario, no teme morir (o al menos, el mexicano antiguo, el no alienado), ve la muerte como parte de la vida misma. Pero lo ve de éste modo con toda su fe, no de dientes para afuera.
No comparto la opinión generalizada de que el mexicano "se burla de la muerte", más bien creo que la reconoce, que no la niega y la hace parte del cotidiano y por eso la viste de catrina y le escribe poemas, la
pone en la mesa y la regala al amigo por que para el mexicano la muerte está ahí, todos los días y no hay motivo para temerle. Se les recuerda a los muertos y se les llevan flores y ofrendas, por que ellos también están ahí...
Comprendo que hemos adoptado -en cierto modo- todo éste merequetengue del halloween, pero espero con ferviente deseo, que dicha adopción si sea de dientes para afuera...y que por dentro (incluso de forma inconsciente) mantengamos vivo al mexicano que no le teme a la muerte pero que tampoco la venera, simplemente la reconoce y le pela los dientes en una sincera sonrisa...
A mi me pareció excesiva la forma de "asustar" al transeúnte con ese pretexto y rápidamente expuse mi queja ante la única que podía escucharme en ese momento: mi madre. "Pero es que los niños..." alegué yo."Los niños de ahora saben perfectamente de que se trata la situación, los más pequeños no alcanzan a entender lo que tú sí entendiste y los más grandes no creen que sea verdadero" dijo ella.
No discutí más pero continué pensando en todo ésto del halloween y concluí por primera vez en mi vida (durante un tiempo creí que el día de muertos y el halloween podían llevarse bien y sobrevivir a la mezcla en santa paz) que es algo verdaderamente ajeno a nosotros, mexicanos. Rechazo abiertamente desde hace varios años éste "festejo" pero siempre lo había hecho bajo un motivo vago y de discurso pre-diseñado: "no es un tradición mexicana" y si bien, no es una tradición autóctona, actualmente está considerablemente arraigada en la gente.
Pero volviendo a mi conclusión, puedo afirmar que es algo muy ajeno en lo más íntimo del
mexicano y que incluso resulta un factor contra-cultura por que apela al miedo. Los hallowinistas se disfrazan para infundir miedo y sienten miedo por morir y por todo lo relacionado con la muerte. El mexicano por el contrario, no teme morir (o al menos, el mexicano antiguo, el no alienado), ve la muerte como parte de la vida misma. Pero lo ve de éste modo con toda su fe, no de dientes para afuera.
No comparto la opinión generalizada de que el mexicano "se burla de la muerte", más bien creo que la reconoce, que no la niega y la hace parte del cotidiano y por eso la viste de catrina y le escribe poemas, la
pone en la mesa y la regala al amigo por que para el mexicano la muerte está ahí, todos los días y no hay motivo para temerle. Se les recuerda a los muertos y se les llevan flores y ofrendas, por que ellos también están ahí...
Comprendo que hemos adoptado -en cierto modo- todo éste merequetengue del halloween, pero espero con ferviente deseo, que dicha adopción si sea de dientes para afuera...y que por dentro (incluso de forma inconsciente) mantengamos vivo al mexicano que no le teme a la muerte pero que tampoco la venera, simplemente la reconoce y le pela los dientes en una sincera sonrisa...
lunes, 10 de septiembre de 2012
Taco de la mexicaneidad
En el año 2000 yo cursaba el 5° grado de Primaria y un día como cualquier otro, estaba sentada en mi mesabanco doble, prestando atención a la clase.
En cierto momento del día, comenzamos a revisar el tema correspondiente a Geografía. No recuerdo con exactitud las palabras que componían el título de la lección, pero recuerdo claramente que era algo sobre "Actividades económicas". Leímos el libro de texto, seguramente hicimos algún apunte y cuando la maestra explicaba al frente de la clase y dibujaba/anotaba ejemplos y aclaraciones en el pizarrón, sóltó la frase: "Por eso se dice que aquel que no ha comido un taco de frijol con chile, no es mexicano"...
Me pasé el resto de la clase y gran parte del día tratando de recordar si alguna vez había comido un taco de frijol con chile...No recordé haberlo hecho y en algún punto de mi inconciencia me sentí menos mexicana.
Cada vez que revivo aquel momento, me pierdo tratando de recordar si en alguna ocasión he ingerido aquel taco muestra de mexicaneidad...Y aunque seguramente lo he comido en múltiples ocasiones y variantes, nunca consigo recordarlo cuando me acecha mi memoria infantil...
Que curiosos son los momentos que la gente recuerda y que impacto tiene lo que decimos sobre las mentes infantiles.
En cierto momento del día, comenzamos a revisar el tema correspondiente a Geografía. No recuerdo con exactitud las palabras que componían el título de la lección, pero recuerdo claramente que era algo sobre "Actividades económicas". Leímos el libro de texto, seguramente hicimos algún apunte y cuando la maestra explicaba al frente de la clase y dibujaba/anotaba ejemplos y aclaraciones en el pizarrón, sóltó la frase: "Por eso se dice que aquel que no ha comido un taco de frijol con chile, no es mexicano"...
Me pasé el resto de la clase y gran parte del día tratando de recordar si alguna vez había comido un taco de frijol con chile...No recordé haberlo hecho y en algún punto de mi inconciencia me sentí menos mexicana.
Cada vez que revivo aquel momento, me pierdo tratando de recordar si en alguna ocasión he ingerido aquel taco muestra de mexicaneidad...Y aunque seguramente lo he comido en múltiples ocasiones y variantes, nunca consigo recordarlo cuando me acecha mi memoria infantil...
Que curiosos son los momentos que la gente recuerda y que impacto tiene lo que decimos sobre las mentes infantiles.
martes, 18 de octubre de 2011
Opinión globalizada
Tal vez mi actual problema es que tengo demasiado tiempo para ver televisión.
Hace unas horas estaba sentada en la sala de casa viendo el noticiero que se acostumbra. La conductora anunció un video "fuerte" y pidió que de haber niños frente al televisor, se les retirara de su sitio durante un momento. Enseguida, su compañero dio la entrada al video en el que se pudo observar (apoyado con una narración) a una pequeña de aproximadamente 2 años de origen japonés caminando sola frente a unas bodegas, la niña llegó hasta media calle (que se veía estrecha y rodeada de negocios y personas) y se detuvo, justo en el instante una camioneta la embistió y se detuvo antes de que las llantas traseras terminaran de atropellar a la niña, pero en el instante retomó su camino y las llantas traseras de su camioneta, también pasaron por encima de la pequeña. La camioneta no se detuvo y salió de cuadro, segundos después un nuevo vehículo pasó por encima del cuerpo de la niña y tampoco se detuvo.
Casi en el mismo momento, pasó una especie de bicitaxi y algunas personas, vieron a la niña, pasaron por su lado y algunos incluso la esquivaron. Nadie se detuvo.
Un instante más tarde, una señora toma a la niña y la lleva hasta la orilla de la calle, y la recuesta junto a unos bultos, voltea a todos lados pidiendo ayuda (a decir del narrador) y prontamente se acerca otra mujer y toma a la niña en brazos y sale de cuadro.
Un instante más tarde, una señora toma a la niña y la lleva hasta la orilla de la calle, y la recuesta junto a unos bultos, voltea a todos lados pidiendo ayuda (a decir del narrador) y prontamente se acerca otra mujer y toma a la niña en brazos y sale de cuadro.
Los conductores del noticiero comentaron entre ellos que la mujer que tomó en brazos a la niña la llevó al hospital y que al parecer, la pequeña murió; también informaron que el inmueble del que sobresalían los bultos (mismo que anunciaron como bodega) era un mercado donde trabajan los padres de la menor.
Una situación lamentable.
Los conductores del noticiero siguieron cruzando comentarios al respecto pero hubo dos que en particular llamaron mi atención:
"ésto pasó en Japón pero podría pasar en cualquier lugar del mundo"
"ésto pasó en Japón pero podría pasar en cualquier lugar del mundo"
Estoy de acuerdo, una situación similar puede sucederse en cualquier lugar del mundo. No perdamos de vista nunca, bajo ninguna circunstancia a los niños.
"ésto debe decirnos algo acerca de la indolencia y frialdad que mostramos todos en el mundo como seres humanos, que nadie se detiene a ayudar a una niña pequeña"
No puedo estar de acuerdo con eso, no puedo pensar que en cualquier lugar del mundo al ver a una niña recién atropellada, nadie sea capaz de detenerse a auxiliarla, no puedo creer que eso suceda en México particularmente. No imagino que en las calles de La Merced, los mismos comerciantes vean y esquiven "indolentemente" a la niña atropellada, no puedo imaginar que en las calles de cualquier mercado o bodega alrededor del país, nadie detenga a la niña desde que se enfila caminando hacia el arroyo vehicular.
No todos andamos tan indolentes o tan fríos por la vida, señorita conductora.
No globalice su opinión por que afortunadamente los valores y las actitudes morales siempre serán cuestión de cada quien.
martes, 13 de septiembre de 2011
Viendo TV
Hace un par de horas estaba yo sentada frente al televisor sintonizando un programa de revista. De pronto, uno de los presentadores anunció y comentó un video en el que se podía ver a un hombre sosteniendo 8 pequeños platos con su respectivo vaso para té (el hombre era -según el presentador- egipcio, ahí el motivo de que sean vasos y no tazas). Una vez que logró sostener todos los platos, se dispuso a colocar 4 más de éstos en fila sobre una mesa que tenía a su costado, enseguida, con la mano derecha vertió un poco de té en el total de los 12 vasos, terminado ésto se dispuso a colocar en forma de torre los 4 platos de la mesa sobre los 8 que ya sostenía con uno de sus brazos.
Podía verse que el hombre en cuestión trabajaba en un restaurante: llevaba un delantal blanco tipo mesero y a sus espaldas se podía ver una barra con tarjas de metal y ollas colgando de una viga metálica.
Imagino que una vez que logró la proeza de colocar los 4 platos en torre, se dispuso a salir de la cocina y entregarlos a los comensales; el video terminó antes de que pudiera confirmarlo.
El resto de los conductores del programa, comentaron el video con el presentador, girando sus comentarios en torno a la destreza y habilidad del mesero. Justo antes de que se presentara un nuevo video, una de las conductoras dijo:
"- tráiganlo, yo lo contrato para mi casa-"
Nadie prestó mucha atención al comentario y prosiguieron a reproducir un video más y comentarlo.
Tal vez yo debí hacer lo mismo que ellos e ignorar el comentario de la conductora por que al final, resultaba irrelevante que lo dijera, irrelevante e incluso obvio y predecible.
Pero lo cierto es que pensé ligeramente en ello.
El hombre-mesero tiene talento para servir en un solo "viaje" 12 vasos de té, ¿qué va a hacer en una casa? Sin importar a quien pertenezca dicha casa. En ningún momento se dijo que él prepara el té o que también fuera un gran cocinero, su talento es servir sin derramar y sin romper 12 vasitos de té.
La conductora pasa fuera de su casa más de medio día y vive únicamente con sus 2 hijos. Suponiendo que en realidad terminara por contratar al mesero, el hombre en su casa vendría siendo más una atracción para las visitas que un mesero.
Tal vez resulte exagerado pensar que realmente lo va a contratar puesto que lo dijo en un momento en el que resultaba lógico decir algo así como una forma de "reconocer" el talento del hombre, sin embargo yo siempre he pensado que uno debe poner especial cuidado en lo que dice.
Nuestras palabras dicen mucho más de nosotros de lo que cualquiera se pueda imaginar.
La conductora estaba reconociendo la habilidad del mesero y en automático pensó en tenerlo para ella misma, para su casa y su deleite aunque el hombre únicamente pudiera servir grandes cantidades de té 1 vez por mes.
Me parece muy egoísta por su parte señora conductora querer hipotéticamente contratar para su servicio doméstico a alguien que encontró su habilidad y el lugar para desarrollarla en un lugar público, donde atiende a decenas de personas a diario.
Me quejo no de la conductora, si no de la actitud de querer para nosotros algo que brilla justo donde está.
Dejemos que cada quien encuentre su lugar sin pretender acaparar todo "lo mejor".
No llevemos la ambición a la frontera del absurdo.
Tal vez yo debí hacer lo mismo que ellos e ignorar el comentario de la conductora por que al final, resultaba irrelevante que lo dijera, irrelevante e incluso obvio y predecible.
Pero lo cierto es que pensé ligeramente en ello.
El hombre-mesero tiene talento para servir en un solo "viaje" 12 vasos de té, ¿qué va a hacer en una casa? Sin importar a quien pertenezca dicha casa. En ningún momento se dijo que él prepara el té o que también fuera un gran cocinero, su talento es servir sin derramar y sin romper 12 vasitos de té.
La conductora pasa fuera de su casa más de medio día y vive únicamente con sus 2 hijos. Suponiendo que en realidad terminara por contratar al mesero, el hombre en su casa vendría siendo más una atracción para las visitas que un mesero.
Tal vez resulte exagerado pensar que realmente lo va a contratar puesto que lo dijo en un momento en el que resultaba lógico decir algo así como una forma de "reconocer" el talento del hombre, sin embargo yo siempre he pensado que uno debe poner especial cuidado en lo que dice.
Nuestras palabras dicen mucho más de nosotros de lo que cualquiera se pueda imaginar.
La conductora estaba reconociendo la habilidad del mesero y en automático pensó en tenerlo para ella misma, para su casa y su deleite aunque el hombre únicamente pudiera servir grandes cantidades de té 1 vez por mes.
Me parece muy egoísta por su parte señora conductora querer hipotéticamente contratar para su servicio doméstico a alguien que encontró su habilidad y el lugar para desarrollarla en un lugar público, donde atiende a decenas de personas a diario.
Me quejo no de la conductora, si no de la actitud de querer para nosotros algo que brilla justo donde está.
Dejemos que cada quien encuentre su lugar sin pretender acaparar todo "lo mejor".
No llevemos la ambición a la frontera del absurdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)