domingo, 17 de abril de 2011

Vuelo de prueba

Ayer llegué a la sala de espera con mi pequeña maleta y mis lentes de caricatura.
"Ésto es un sueño, en la vida real yo no uso lentes oscuros porque pues...no veo"
No había mucha gente en la sala, pero ese es un dato que viene siendo irrelevante y completamente natural si recordamos que ésto es un sueño.

-Señorita Vargas, acompáñeme- oí decir a una mujer alta y esbelta que apenas me miró y yo pues...hice lo que me pidió: la seguí a unos diez pasos por detrás.
-Éste es su uniforme y ahí esta su avioneta, recuerde que solo es el vuelo de prueba y no hay nada que temer-

¿Qué podía pasar si todo ésto es un sueño? Me puse el uniforme con el que me veía un poco temeraria y también un poco fuera de época: pantalones color arena con bolsas múltiples, zapatos del mismo color, blusa blanca sin mangas y mis lentes de caricatura; me subí a la avioneta y no tuve ni siquiera vértigo. Se sentía bien, a decir verdad.

-¡¡Tome el volante señorita Vargas!!, ¡¡Debe dar vuelta a la llave!!- me gritó la mujer esbelta que ya no se veía tan alta desde el asiento principal de la avioneta.
Levanté mi pulgar derecho y se lo mostré con una sonrisa chueca; en seguida tomé el volante con la mano izquierda y con la derecha dí vuelta a la llave. El motor de aquella pequeña avioneta comenzó a traquetear y las llantas empezaron a girar más rápido de lo que hubiera querido.
Todo ésto no es más que un sueño, un vuelo de prueba en un sueño.

En menos de dos minutos yo ya estaba volando aquella avioneta. Fue sencillo; era un sueño al fin y al cabo.
Dí algunas vueltas y me sudaron las manos al ver lo lejos que estaba de la sala de espera. Sentí el aire en mi rostro y ninguna gota de brisa empañó mis lentes de caricatura.
Todo salió bien, un vuelo de prueba digno de un buen sueño.

Logré aterrizar a unos metros del lugar de despegue y es que bueno, no todo podía ser posible aún siendo un sueño.
Descendí de la avioneta y comencé a sentirme mareada, no vi a la mujer esbelta por ningún lado y tampoco tenía mucha idea de donde buscarla.
El mareo se hizo considerablemente más intenso y logré sentarme antes de caer desmayada porque eso hubiera sucedido. Es un sueño y puedo adivinarlo.

Sentí que alguien me sacudía tomándome por los hombros y abrí los ojos esperando ver a la mujer esbelta a través de la negrura de mis lentes de caricatura, pero no.
Lo que vi fue la claridad del rostro de mi maestra, de mis maestras, todas ellas en una sola.

-"Toma el volante y gira la llave Paulina, éste es el bueno"- dijeron ellas al unísono y supe que no era más un sueño, mucho menos un vuelo de prueba.


jueves, 10 de marzo de 2011

De camino

Ésta tarde, de camino a la biblioteca Vasconcelos, le puse mayor atención a la gente. Es decir, regularmente lo hago pero termino dispersándome, siempre encuentro algo que me desanima y prefiero mirar hacia las ventanas, mis uñas, el reloj que está en el tablero del microbús, en fin... siempre hay algo que mirar.

Pero ésta tarde no encontré nada que me molestara lo suficiente como para distraerme... eso, o mis niveles personales de tolerancia se encontraban altos. Quizá nunca lo sepa.
El punto es que hoy, viendo a la gente, vi a alguien diferente. Vi a una de esas personas que desde que nace, se sabe que es diferente. Todos los que la vemos, y tenemos la cordura adecuada ( más no la suficiente) podemos darnos cuenta. La vi largo rato, y si se dio cuenta, pareció no importarle demasiado. Supongo que ya está acostumbrada a que la miren y su benevolencia la obliga a no sentirse ofendida.

Me pareció bonita, pero incluso en su belleza, era diferente. Era fácil encontrarle uno que otro defecto, pero no por ello dejaba de ser bonita.
Seguro que la mayoría no piensa lo mismo que yo. A las personas les gusta lo común por que los hace sentir en sintonía. Lo que es común, casi por descontado, también es cómodo.

Veinte minutos duró mi camino y debo confesar que en más de una ocasión sentí la tentación de hacer lo que venía haciendo el resto de la gente. Pero fui lo suficientemente fuerte como para recordarme que aquello no estaba bien y que en ella, había más de mí de lo que ambas podíamos reconocer.


sábado, 26 de febrero de 2011

Pido un aplauso

Parece que ya se ha vuelto costumbre eso de escribir cuando no ando de muy buen humor.

Estoy sentada en esa silla que hace ya varios meses mi padre me comprara en mitad del camino; uno más de esos caprichos de niña pequeña que el señor tiene a bien -y a mal- cumplirme. Me encuentro frente a la vieja mesa de mi abuela de la que pude obtener la custodia gracias a los poderes de mi madre. Al comenzar ésta entrada, se escucha "Lo pasado, pasado" en voz de "La maldita vecindad", con ellos o con José José o con Juan Gabriel, o con algún aventurero del karaoke, todos la hemos escuchado, al menos una vez.

Hoy me supo diferente. Hoy si sentí que lo pasado ya no me interesa, y pido un aplauso por ello. No lo pido por el amor que a mí llegó por que ese, se esconde y encuentra escondrijos cada vez que alcanzo a divisarlo, pero al menos, tengan, mis estimados, la indulgencia de aplaudir junto conmigo por que lo pasado, ya no me interesa.

sábado, 19 de febrero de 2011

Asuntos importantes

No tengo muy buen humor el día de hoy.
Me preocupa mi tesis y mi titulación. Sé lo que tengo que escribir y sé como escribir, pero no logro conectar ambos saberes.
Pesa demasiado sobre mi mano -y aún más- sobre mi cabeza todo lo que se espera de ese documento, todo lo que se rumorea sobre mí escribiéndolo. Jamás he sabido rendir cuentas de lo que hago y por el momento no es la excepción. Escribir algo y pensar que en pocas horas mi asesora lo estará leyendo, me congela; encuentro entre mis palabras, mil errores que seguramente ella verá y ante los que marcará correcciones con tinta roja.
Mi asesora es una bella persona y me tiene paciencia, no quiero que ésto se malinterprete. Seguramente lee mis trabajos como lee los del resto de mis compañeros y corrige los mismos errores, pero mi egocentrismo me hace pensar que les presta una especial atención, y por lo mismo, las cuartillas se reducen cada vez un poco más y mi mente se cierra con mayor ahínco.
No quiero quedar bien y tampoco quiero impresionar a nadie; a decir verdad, no sé muy bien lo que me pase. Sólo sé que voy lento, excesivamente lento y que eso me preocupa.

domingo, 23 de enero de 2011

Clementina

Hoy no puedo hacer más que llorar. De todas las personas puedo tolerarlo, soportarlo e incluso, acostumbrarme a ello. Pero no de tí.
Nos vamos a terminar matando la una a la otra y habrá ganado la que muera primero por que la culpa se comerá lo que quede de la otra.

Clementina: abre tus ojos y mírame ahora. Ve lo que has hecho de mí. Reconócelo y vete, como siempre lo haces, huye si así lo prefieres, pero déjame saber que al menos, te has dado cuenta de que todo es por tí.

martes, 4 de enero de 2011

La fiebre y sus amenazas

Anoche me fuí a dormir con la voz de Cerati que se ha vuelto una terrible obsesión.
La voz de Cerati me llevó a pensar en un joven de mediana estatura con cabello rizado caminando hacia mí y mi acompañante enfundado en una chamarra de cuero. El joven de cabello rizado y chamarra de cuero me llevó a pensar en otro joven, en uno más alto y extremadamente delgado que lo mismo me sonríe que me regaña y me abraza. El joven alto me llevó a pensar en una niña de coletas sentada en una banqueta platicando con un niño tímido y callado. Ambos niños me llevaron a pensar en una temerosa clase de catequesis en una casa habitación oscura. La clase de catequesis me llevó a pensar en una iglesia de pueblo con el atrio lleno de pasto y aves. La iglesia y su atrio me llevaron a pensar en una quinceañera con vestido lila, sonriente y hermosa como nunca en su vida. La sonriente quinceañera me llevó a pensar en la pintura nocturna de un bosque y la imposibilidad de transportarlo debido a su tamaño. El tamaño del cuadro me llevó a pensar en una tarde lluviosa y en un grupo de jovencitas de secundaria mojándose a media calle. La lluvia y las jovencitas me llevaron a pensar en la fachada de una casa rústica y acogedora. La fachada de la casa me llevó a pensar en un joven alto y bien parecido resguardando cuadros en la sala de su casa. El joven, me llevó a pensar en una niña llorando con la cara hundida en el pecho de una señora que por todos los medios trataba de distraerla de la aguja que se aproximaba peligrosamente a su brazo.
La niña y la señora me hicieron pensar en mí y en mi miedo.
De manera egoísta terminé pensando en mí y en mi miedo a las ausencias. Dios sabrá los caminos que toman mis recuerdos para aterrizar en mí después de haber viajado por incontables escenas.
Y pensar que todo comenzó con la voz de Gustavo Cerati.

domingo, 2 de enero de 2011

Fin de año

Apenas creo que el 2010 dejó caer su día 365.
Ahora vengo a recordar lejano y polvoriento el pasar del tiempo en ese veinte diez que me pareció tan prometedor, tan lleno de cosas buenas y dulces, cosas rosa pastel... y que terminó siendo un año lleno de duros tropiezos y de lecciones sangrantes.

Se acabó el año del bicentenario y del centenario, año de los dos sucesos más importantes de la historia nacional. Y como México festejaba su Independencia y su Revolución, no podía yo, menos que unirme a ésta gran celebración, emulando lo acontecido hace tanto.
Comencé la hazaña con la mínima diferencia de que yo primero inicié una extenuante y dificultosa Revolución para pasar después a firmar los tratados de Independencia.

No haré recuentos de pérdidas ni nombraré todos los inmuebles que cayeron en calidad de cenizas tras haber explotado, tampoco pediré minutos de silencio por todas aquellas gotas de agua salada y glóbulos rojos que gastaron sus vidas y dieron su último suspiro en los desolados y siempre secos campos de batalla.
No hablaré sobre nuestras derrotas, ni sobre el enemigo, tampoco hablaré de las veces que sin fuerzas y con heridas mortales me dejé caer de bruces sin importarme absolutamente nada.

Eso, ya es historia y aunque mi dolorosa memoria guarda las escenas con recelo, la palpitante esperanza que me llega en forma de mensaje texto, de llamada, de caramelo, de canción, de intermitente luz naranja en mi pantalla, me recuerda que la historia no es preciso repetirla a diario, me recuerda que basta con honrarla, dándole su lugar en los cimientos y no en las emergentes ramas.
Me recuerda mi victoria y mi despertar...y por supuesto, me recuerda, que no estuve sola.

Se acabó...se acabó el veinte diez....