Hoy fué Domingo de tianguis y me ví obligada a caminar bajo lonas de colores demasiado vivos como para soportarlos sin fruncir el ceño.
No sé si era yo, pero me dió la impresión de que toda la gente había recibido una dosis desmedida de loratadina; andaban como zombies, chocando unos contra otros y todos contra mí; su paso era lento y mostraban muy poca dirección y escasa conciencia del espacio y la temporalidad.
Ví cualquier cantidad de gente con todos los rasgos faciales que puedan imaginarse, y estoy prácticamente segura de que me encontré muchos que ni siquiera pueden imaginar. Me perturbé descubriendo que todo aquellos rostros compartían algo de lo cual yo carecía.
Todos ellos, además de tener el azul del estupor ocasionado por la loratadina y el blanco de la anestesia neuronal, tenían un brillo que iba del rojo al amarillo pasando por el naranja.
Todos ellos eran felices en diferentes grados ¿y yo?, pues...¿para qué les miento?, había amanecido con humor de anacoreta cuando se encuentra de vacaciones navideñas con toda la familia reunida.
Una descripción detallada de mí, ciertamente hubiera considerado el calificativo "feliz" como última opción.
Y los odié, los odié ipso facto, solo me hizo falta verles la cara a cada uno para que mi estómago se convirtiera en una licuadora de jugos gástricos; incluso los colores de los globos y los sabores de los esquimos se convirtieron en un defecto contundente.
Balbuceé entre otras cosas una gran serie de groseras sentencias y de esa forma volví a casa, con una enorme úlcera gástrica cocinándose debajo de mi blusa...
"con los pelos de punta como un súper sayan señalo con el dedo al cielo clamando venganza, quizá debieran detenerme por que pienso cometer un crimen antes de marcharme"
domingo, 18 de abril de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
Desgracia semejante
Me acordé de mí cuando, antaño, quise convertirme en jedi, también me acordé de mí cuando escribí en aquél cuaderno lleno de telarañas (literal) que el amor me daba asco. Me acuerdo ahora, que lo primero, era más bien, un grito un poco desesperado, y que lo segundo, deveras era cierto en aquellos días.
Ando de batalla en un desierto que me es medio conocido, lo cual explica por que en veces, sufro de constantes deja vus.
La contienda del momento se debe a que estoy cambiando...me cuesta trabajo aceptarlo pero es así: estoy cambiando.
A mí que siempre he odiado los cambios me llegó mi hora y estoy en desbalance total.Si ha de existir alguna ventaja en todo ésto es que yo no cambio muy seguido, y la desventaja correspondiente es que cuando lo hago...lo hago en gran medida.
Y bueno, me voy dando cuenta de que lo mejor es sentarme a esperar.
Ando de batalla en un desierto que me es medio conocido, lo cual explica por que en veces, sufro de constantes deja vus.
La contienda del momento se debe a que estoy cambiando...me cuesta trabajo aceptarlo pero es así: estoy cambiando.
A mí que siempre he odiado los cambios me llegó mi hora y estoy en desbalance total.Si ha de existir alguna ventaja en todo ésto es que yo no cambio muy seguido, y la desventaja correspondiente es que cuando lo hago...lo hago en gran medida.
Y bueno, me voy dando cuenta de que lo mejor es sentarme a esperar.
jueves, 8 de abril de 2010
Ganas de vomitar
mhmhmhmhmh (me aclaro la garganta y pruebo el micrófono con un "sí, bueno, bueno, probando")
Hace un rato, sentí ganas de vomitar, no tuve náuseas anteriores al suceso, por lo que las ganas me sorprendieron ingratamente.
Disponíame yo a guardar mi sudadera arrugada, la favorita, ¿ya saben?, la roja que tiene manchas en las mangas y el cordón desteñido, esa misma. ¡Bueno!, disponíame yo a guardarla cuando en el descenso hacia el último cajón, me asaltaron las ganas y tuve aquel espasmo repentino y desagradable de contraer un poco los hombros, jalando hacia adelante la quijada y cerrando los ojos (cómo si aquello, remediara algo). Guardé la sudadera favorita con toda la calma del mundo y pasé mi mano derecha por encima de mi boca.
Fué solo ese momento, y ya había pasado sin mayores contratiempos.
En un chispazo de locura, me coloqué en posición fetal sobre la cama y me arranqué sin pensarlo dos veces aquellas ganas de vomitar; he de decir, a vergüenza mía, que estaban bastante creciditas.
"bueno, y a ustedes...¿qué carajo les pasa?, no pueden andar por aquí así nada más subiéndoseme de repente, yo tengo cosas que hacer y asuntos en que pensar, no puedo andar con la vomitiva entre la cejas, ¿sí se dan cuenta de la inconciencia?, procuren mínimo avisar, ¡o ya de plano salir de tajo!, digo, ¡¡sí ya están ahí en la puerta, nada les cuesta empujarla, caray!!, hace un rato que terminé mi comida y fué de lo más sana, no tienen ni siquiera motivos para andar rondando mi estómago, ¿qué carajo les pasa?"
Cómo era de suponerse, las ganas de vomitar no respondieron. Esperé un largo tiempo en silencio, pensando en aquél momento odioso...
a lo lejos oí los primeros ruidillos de esa buena canción "everybody wants to rule"...
"es tu celular pendeja", me gritaron las ganas de vomitar, precipiándose entre mis ojos...
Justo cuando colgué...volvieron a mostrárseme gritando "¿sí te das cuenta de lo loca que estás?, te enojas con nosotras cuando eres tú la que nos trae a rastras cada vez que quieres saber algo de él y no lo consigues, éste amor que tú dices, te va a terminar matando...o al menos va a terminar uno de éstos días, con una de tus comidas, en el desagüe"
Me quedé en stand by...las ganas de vomitar tenían mensajes ocultos. Las ganas de vomitar se estaban portando más sensatas y coherentes que yo.
¿Qué les digo?...no ignoren nunca sus ganas de vomitar...tienen fama de traer enfermedades y bebés, pero las más de las veces, traen mensajes ocultos...a veces...son generosas y traen las tres cosas de una sola vez...
Hace un rato, sentí ganas de vomitar, no tuve náuseas anteriores al suceso, por lo que las ganas me sorprendieron ingratamente.
Disponíame yo a guardar mi sudadera arrugada, la favorita, ¿ya saben?, la roja que tiene manchas en las mangas y el cordón desteñido, esa misma. ¡Bueno!, disponíame yo a guardarla cuando en el descenso hacia el último cajón, me asaltaron las ganas y tuve aquel espasmo repentino y desagradable de contraer un poco los hombros, jalando hacia adelante la quijada y cerrando los ojos (cómo si aquello, remediara algo). Guardé la sudadera favorita con toda la calma del mundo y pasé mi mano derecha por encima de mi boca.
Fué solo ese momento, y ya había pasado sin mayores contratiempos.
En un chispazo de locura, me coloqué en posición fetal sobre la cama y me arranqué sin pensarlo dos veces aquellas ganas de vomitar; he de decir, a vergüenza mía, que estaban bastante creciditas.
"bueno, y a ustedes...¿qué carajo les pasa?, no pueden andar por aquí así nada más subiéndoseme de repente, yo tengo cosas que hacer y asuntos en que pensar, no puedo andar con la vomitiva entre la cejas, ¿sí se dan cuenta de la inconciencia?, procuren mínimo avisar, ¡o ya de plano salir de tajo!, digo, ¡¡sí ya están ahí en la puerta, nada les cuesta empujarla, caray!!, hace un rato que terminé mi comida y fué de lo más sana, no tienen ni siquiera motivos para andar rondando mi estómago, ¿qué carajo les pasa?"
Cómo era de suponerse, las ganas de vomitar no respondieron. Esperé un largo tiempo en silencio, pensando en aquél momento odioso...
a lo lejos oí los primeros ruidillos de esa buena canción "everybody wants to rule"...
"es tu celular pendeja", me gritaron las ganas de vomitar, precipiándose entre mis ojos...
Justo cuando colgué...volvieron a mostrárseme gritando "¿sí te das cuenta de lo loca que estás?, te enojas con nosotras cuando eres tú la que nos trae a rastras cada vez que quieres saber algo de él y no lo consigues, éste amor que tú dices, te va a terminar matando...o al menos va a terminar uno de éstos días, con una de tus comidas, en el desagüe"
Me quedé en stand by...las ganas de vomitar tenían mensajes ocultos. Las ganas de vomitar se estaban portando más sensatas y coherentes que yo.
¿Qué les digo?...no ignoren nunca sus ganas de vomitar...tienen fama de traer enfermedades y bebés, pero las más de las veces, traen mensajes ocultos...a veces...son generosas y traen las tres cosas de una sola vez...
lunes, 15 de marzo de 2010
irremediable
En veces, irremediablemente, uno se esfuerza por joderse la vida, por ponerse a triste a fuerza de golpe cuando razones no hay.
En esas veces, uno pone las canciones con la letra más temible y se sienta en el rincón más oscuro, sofoca uno, sin ayudas, todos sus deseos. Come de a poco y se desabriga el cuerpo para provocarse temblores que se crean escalofríos para más tarde sentir débil el cuerpo.
El ser humano es si acaso el especimen más extraño y viendo como se derrumba todo bajo su piel, en vez de gritar por auxilio o movilizarse para conseguir no caer del todo, toma asiento, se reclina y se detiene a admirar la función, a aplaudir el show, a apreciar el holocausto de su autoestima. El ser humano es un maldito predador de sonrisas propias, de suspiros, de ánimos. Es un sembrador de ojeras, de cansancio, de manos frías.
Resulta irremediable pedir algún cambio cuando las cosas se ponen así. Cuando tu yo interno ha tomado entre sus dedos los pinceles y ha corrido en busca de la paleta de tonos grisáceos, más vale sentarse y esperar a que termine con todo el trajín de máscaras...
En esas veces, uno pone las canciones con la letra más temible y se sienta en el rincón más oscuro, sofoca uno, sin ayudas, todos sus deseos. Come de a poco y se desabriga el cuerpo para provocarse temblores que se crean escalofríos para más tarde sentir débil el cuerpo.
El ser humano es si acaso el especimen más extraño y viendo como se derrumba todo bajo su piel, en vez de gritar por auxilio o movilizarse para conseguir no caer del todo, toma asiento, se reclina y se detiene a admirar la función, a aplaudir el show, a apreciar el holocausto de su autoestima. El ser humano es un maldito predador de sonrisas propias, de suspiros, de ánimos. Es un sembrador de ojeras, de cansancio, de manos frías.
Resulta irremediable pedir algún cambio cuando las cosas se ponen así. Cuando tu yo interno ha tomado entre sus dedos los pinceles y ha corrido en busca de la paleta de tonos grisáceos, más vale sentarse y esperar a que termine con todo el trajín de máscaras...
sábado, 30 de enero de 2010
Un pequeño silencio.
Muchas de las veces, mis esfuerzos no son suficientes y tú no terminas por entenderme. Otras tantas de las veces, no hago ni el menor esfuerzo por que me entiendas, pienso, sencillamente que no vale la pena.
¡Digo!, tú tampoco te esfuerzas por escudriñarme, debemos establecer un acuerdo que diga claramente que no te facilitaré por entero el camino. Es tarea de dos, así son las cosas.
De cada diez obreros que salen por esa, tu puerta, ocho tienen malas intenciones y los otros dos, son holgazanes. Es preciso que sepas que ya me agoté de buscar sin éxito algo bueno que obtenerles. ¡Sólo me dan más trabajo!, ¡y el ya hecho lo desmoronan poco a poco!
Tú no me estás ayudando...y la empresa se va a pique.
Quiero salvarla, en serio que quiero. Pero sola no puedo hacer gran cosa.
Siempre has dicho que estoy mal, no es errada la idea. Yo misma sé que estoy mal, pero igual jamás te detienes a pensar que todas las deficiencias existentes en el mundo y en las cosas, tienen un motivo, bueno o malo, pero motivo al fin.
Hay algo dentro de mí que necesita reparaciones y no te has preocupado por saber que es.
Dame un pequeño silencio, brevísimo igual que tu paciencia. Abre los ojos y cierra la boca.
Venga mamá, que yo te espero...aunque no quiero...
¡Digo!, tú tampoco te esfuerzas por escudriñarme, debemos establecer un acuerdo que diga claramente que no te facilitaré por entero el camino. Es tarea de dos, así son las cosas.
De cada diez obreros que salen por esa, tu puerta, ocho tienen malas intenciones y los otros dos, son holgazanes. Es preciso que sepas que ya me agoté de buscar sin éxito algo bueno que obtenerles. ¡Sólo me dan más trabajo!, ¡y el ya hecho lo desmoronan poco a poco!
Tú no me estás ayudando...y la empresa se va a pique.
Quiero salvarla, en serio que quiero. Pero sola no puedo hacer gran cosa.
Siempre has dicho que estoy mal, no es errada la idea. Yo misma sé que estoy mal, pero igual jamás te detienes a pensar que todas las deficiencias existentes en el mundo y en las cosas, tienen un motivo, bueno o malo, pero motivo al fin.
Hay algo dentro de mí que necesita reparaciones y no te has preocupado por saber que es.
Dame un pequeño silencio, brevísimo igual que tu paciencia. Abre los ojos y cierra la boca.
Venga mamá, que yo te espero...aunque no quiero...
domingo, 27 de diciembre de 2009
Me he portado mal.
Me he portado muy mal últimamente. Pero la culpa no la tengo yo, y no es excusa, tampoco pretendo responsabilizar a nadie...De acuerdo, sí es mi culpa.
Me he portado mal y es mi culpa, de nadie más.
Está grave eso de portarse mal.
Mi mal comportamiento me hace parecer un ogro; cuando me porto mal yo no soy divertida como los niños pequeños que rompen un jarrón o derraman la sopa.
Hace algún tiempo un agente externo que a la fecha ya empiezo a creer que es patógeno, arribó a mi sistema proyectando luces de color neón, neón y chillante, todo un espectáculo de lo más desagradable. Entró intempestivamente y sin presentarse; no hace falta que lo haga, yo le conozco lo suficiente. Se acomodó al fondo a la izquierda pegándose como lapa a mis pensamientos intocables...así es...se atrevió a pegarse a la puerta dónde duerme el fénix.
Toleré su presencia durante varias horas y el fénix se dedicó a ignorarla olímpicamente.
Respiré profundo mientras veía como su gélida corporeidad carcomía la pintura de la puerta y las paredes, comencé a jugarle bromas pesadas mientras el fénix no me veía...sólo pensaba en hacerle daño y conseguir alejarla de su "nueva morada" para trabar con ella una batalla justa.
Pero se dió cuenta... el fénix se dió cuenta de mis maquinados movimientos, de mi inconsistente concentración, de mi bilis matutina y me encerró entre sus cuatro paredes para exigirme una explicación...
-¿por qué es que te portas tan mal últimamente?-
-no me porto mal-
-sí, si lo haces, respondes mal, rompes las cosas, no comes bien, olvidas los deberes-
-pués sí me porto mal es tu culpa-
-¿por que mi culpa?-
-por que viste que llegó y se pegó a tí y lo está descomponiendo todo y tú no dices nada, es ESO lo que me tiene así y hace que me porte mal-
-¿quién la hizo venir?-
-yo no...-
-yo tampoco, y a decir verdad no me importa que esté aquí, es un fantasma, es nada, y yo no siento que esté descomponiendo nada, más bien creo que eres tú la que está desarreglando todo tratando de desaparecer algo que ni siquiera está aquí...-
El fénix se fué caminando sereno como siempre y cerrando la puerta tras de sí. Le gustaba jugar con mi mente y era eso lo que acababa de hacer...¿cómo me decía que no estaba ahí cuándo yo la veía más viva que el sol burlándose de mí por todas las esquinas diciéndome cosas horrendas?, el fénix estaba perdiendo la cordura. Y yo estaba perdiendo la calma.
Me recosté en la cama que no era la mía y tomé la almohada del fénix...olía a él, todo olía a él, se había adueñado por completo de esa pequeña habitación a la que llegó aquel soleado jueves de octubre.
Me quedé dormida pensando en que quizá tenía razón, yo debía empezar por creerle más al fénix, y por ahí, probablemente era buena idea empezar...sí el decía que todo era producto de mi imaginación y que no había nada pegado a su puerta más que mi acechante mal humor, yo le creía...yo quería creerle y lo iba a hacer.
La visión no estaba ahí...está muerta, yo la traje de entre los escombros y la metí en mi cabeza...en la mía por que en la del fénix no cabe, ¡¡él sólo veía polvo donde yo veía un gigantesco volcán!!, y yo debo empezar a ver menos que polvo.
Y ahora vengo aquí, con sus palabras resonando en mi cabeza: "es un fantasma, es nada".
Vengo aquí sintiéndome fatal por portarme mal con el fénix que sólo me ha dado amor y tranquilidad.
Vengo aquí repitiéndome que la espeluznante pesadilla "es nada" y ya no importa.
Vengo aquí en un intento por redimir el camino y pedirle al fénix que me castigue, pues me he portado mal...
Me he portado mal y es mi culpa, de nadie más.
Está grave eso de portarse mal.
Mi mal comportamiento me hace parecer un ogro; cuando me porto mal yo no soy divertida como los niños pequeños que rompen un jarrón o derraman la sopa.
Hace algún tiempo un agente externo que a la fecha ya empiezo a creer que es patógeno, arribó a mi sistema proyectando luces de color neón, neón y chillante, todo un espectáculo de lo más desagradable. Entró intempestivamente y sin presentarse; no hace falta que lo haga, yo le conozco lo suficiente. Se acomodó al fondo a la izquierda pegándose como lapa a mis pensamientos intocables...así es...se atrevió a pegarse a la puerta dónde duerme el fénix.
Toleré su presencia durante varias horas y el fénix se dedicó a ignorarla olímpicamente.
Respiré profundo mientras veía como su gélida corporeidad carcomía la pintura de la puerta y las paredes, comencé a jugarle bromas pesadas mientras el fénix no me veía...sólo pensaba en hacerle daño y conseguir alejarla de su "nueva morada" para trabar con ella una batalla justa.
Pero se dió cuenta... el fénix se dió cuenta de mis maquinados movimientos, de mi inconsistente concentración, de mi bilis matutina y me encerró entre sus cuatro paredes para exigirme una explicación...
-¿por qué es que te portas tan mal últimamente?-
-no me porto mal-
-sí, si lo haces, respondes mal, rompes las cosas, no comes bien, olvidas los deberes-
-pués sí me porto mal es tu culpa-
-¿por que mi culpa?-
-por que viste que llegó y se pegó a tí y lo está descomponiendo todo y tú no dices nada, es ESO lo que me tiene así y hace que me porte mal-
-¿quién la hizo venir?-
-yo no...-
-yo tampoco, y a decir verdad no me importa que esté aquí, es un fantasma, es nada, y yo no siento que esté descomponiendo nada, más bien creo que eres tú la que está desarreglando todo tratando de desaparecer algo que ni siquiera está aquí...-
El fénix se fué caminando sereno como siempre y cerrando la puerta tras de sí. Le gustaba jugar con mi mente y era eso lo que acababa de hacer...¿cómo me decía que no estaba ahí cuándo yo la veía más viva que el sol burlándose de mí por todas las esquinas diciéndome cosas horrendas?, el fénix estaba perdiendo la cordura. Y yo estaba perdiendo la calma.
Me recosté en la cama que no era la mía y tomé la almohada del fénix...olía a él, todo olía a él, se había adueñado por completo de esa pequeña habitación a la que llegó aquel soleado jueves de octubre.
Me quedé dormida pensando en que quizá tenía razón, yo debía empezar por creerle más al fénix, y por ahí, probablemente era buena idea empezar...sí el decía que todo era producto de mi imaginación y que no había nada pegado a su puerta más que mi acechante mal humor, yo le creía...yo quería creerle y lo iba a hacer.
La visión no estaba ahí...está muerta, yo la traje de entre los escombros y la metí en mi cabeza...en la mía por que en la del fénix no cabe, ¡¡él sólo veía polvo donde yo veía un gigantesco volcán!!, y yo debo empezar a ver menos que polvo.
Y ahora vengo aquí, con sus palabras resonando en mi cabeza: "es un fantasma, es nada".
Vengo aquí sintiéndome fatal por portarme mal con el fénix que sólo me ha dado amor y tranquilidad.
Vengo aquí repitiéndome que la espeluznante pesadilla "es nada" y ya no importa.
Vengo aquí en un intento por redimir el camino y pedirle al fénix que me castigue, pues me he portado mal...
sábado, 24 de octubre de 2009
Escuché decir
Escuché decir una vez que las personas, escribimos y redactamos en la forma en la que hablamos...después de mucho pensarlo, concluí que esa es una quimera.
Tomé mi caso y lo puse bajo la lupa:
Yo no paro de hablar nunca, el silencio en mí, es signo de furia o de tristeza; dado pues, mis ideas habladas suelen perder los lazos que las conectan a sus hermanas que vienen en los vagones contiguos del enorme ferrocarril que es mi verborrea.
Afortunadamente, tengo la ventaja de poder desandar el camino, permitiéndome volver sobre mis palabras, y respirando profundo, intentar explicar mis necias ideas que erraron el camino.
Haciendo gestos, me ahorro cincuenta palabras, y con un término -mal empleado- de mi jerga particular le brindo a mi paciente escucha toda una serie de imágenes que solo él y el contexto le dan significado...
Hablando se simplifican y se ejemplifican las situaciones, adivinando los pensamientos deshatados en las personas que nos escuchan; se improvisa y se realizan ajustes como si anduviéramos en bicicleta paseando por una calle sin pavimentar: sorteando las dificultades pero sin eliminar su presencia.
Escribiendo, no me puedo permitir eso, escribiendo me tardo cien horas socavando los posibles baches en ésta, mi propia avenida.
Escribiendo, pongo en las manos del que me lee, toda mi confianza, imaginando que comprende cada letra y escudriña entre líneas.
Escribir me exige un orden estricto y meticuloso -muy propio- que tenga como fin último, evitar las confusiones y divagaciones al máximo posible.
Cuando escribo, quedo al descubierto por completo.
Escribir es una batalla frente al papel en blanco que siempre termino por perder pero que también disfruto inmesurablemente...
Pienso, y luego escribo...pero a veces hablo y luego pienso... Ustedes procuren hablar y escribir después de pensar para que vengan a cerrarme la boca...
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