sábado, 6 de abril de 2019

En una galaxia muy lejana.




Starwars significa muchas cosas en mi vida, para empezar y de  
modo muy simple es mi historia de película favorita, incluye en 
ella muchas escenas que me han servido como metáfora para 
explicar situaciones cotidianas y aclarar mis propias telarañas 
mentales.

Starwars en su trilogía original incluye al personajazo que es por 
excelencia ícono de los chicos malos: Darth Vader, que por 
supuesto es el número 1 en mi top de personajes favoritos y 
conforme avanzó el tiempo y su historia me sirvió para espejear la 
mía, Darth Vader pasó también a ser mi alter ego. Recuerdo que 
después de la muerte de mi hijo y cuando ya tenía medianamente 
resuelto mi duelo, me encantaba verme reflejada en el Anakin de 
la  escena más representativa de “La venganza de los Sith”: 
inconsciente, sin piernas, sin un brazo, con la cara y el cuerpo 
hundidos en rocas de lava. Sin esperanza. Y aún así, vivo. Anakin 
se levantó (no sin ayuda) y se convirtió nada más y nada menos 
que en el super mega lord de los Siths: Darth Vader.

El spin off “Rogue One” además de que me pareció una película 
hermosa, con una historia bien armada y con lógica dentro de la 
saga, me ayudó a explicarme a mi misma la parte más importante 
de mi vida en esos momentos: Cassian Andor y Jyn Erso muriendo 
juntos, abrazados en la playa tras haber hecho lo mejor que 
podían hacer en pro de la paz de la galaxia me conmovieron hasta 
las  lágrimas y me siguen pareciendo un par excepcional. 

Traje a Starwars a mi vida de tal manera que cuando supe que mi 
segundo embarazo me traería una niña, sólo pude pensar “ya tengo 
a Luke, y ahora tendré a Leia”. No cabía ninguna duda. Darth 
Vader era yo y yo era Darth Vader. ¿o no?

Ejemplos como los anteriores tengo varios y quien me conozca, 
sabe que con menos regularidad de la que quisiera cito las 
películas, hago referencias a la historia y sus personajes y predico 
de puerta en puerta que por favor, se tomen dos horas para ver en 
sus pantallas la sabiduría encerrada en esa guerra de la galaxia (que 
sólo es una, no sé por que en español dicen “La guerra de laS 
galaxiaS”).


Así vivía muy feliz, abrazando la empuñadura de mi sable láser 
hasta que en días pasados leí en twitter que una chica que sabe de 
lo que habla escribió: “Sólo los Siths piensan en absolutos”. ¡PUM!
¿ya debía de saberlo? Ciertamente
¿tuve pistas en todas y cada una de las películas? Las tuve
¿no entienden por qué mi sorpresa y congoja? Yo tampoco


Ese día se le hicieron grietas a mi dark heart. Este momento tan 
particular de mi vida que vengo atravesando desde hace poco más 
de dos meses me escupió esa frase en la cara. SOLO LOS SITHS 
PIENSAN EN ABSOLUTOS.

Quien alguna vez haya discutido conmigo sabe que “todo o nada” 
“siempre o nunca” son frases que uso con frecuencia, pensando en 
absolutos, como un Sith.
Y aunque ésto debiera hacerme sentir orgullosa y más cerca que 
nunca de Darth Vader en realidad me hace sentir extraña. Ya no me 
funciona pensar en absolutos, en consecuencia, ya no me funciona 
ser un Sith. 
Y aunque una vez más, Starwars me sirve para dar claridad a mis 
asuntos más personales, me orilla también a desprenderme de eso 
que he sido durante mucho tiempo.

Darth Vader no dejará de ser mi favorito pero parece ser que ha 
llegado la hora de mutar en otro personaje. Sólo espero que la 
fluidez de la vida no me lleve a colocarme en la Padmé que muere 
ahorcada a manos de un Anakin ansioso, triste, solitario y desolado.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Sacar el polvo.

Aunque no he dejado de escribir en todo este tiempo que me desaparecí del blog, si dejé de ventilarlo y ¿saben qué pasó? Se llenaron de polvo todas y cada una de las palabras que escribí y no saqué a la luz. Se llenaron tanto de polvo que no creo posible que por el momento ustedes (o yo) podamos leerlas y comprender algo, así que hoy decidí hacerles un breve resumen de los últimos años.
Empezaremos por la mejor parte: me convertí en mamá. Dos veces. De Julián y de Mariel, ambos guapísimos. Julián murió (aunque eso seguramente ya lo saben y si no lo saben, después se los cuento). Mariel cumplió apenas los 5 meses y tiene tanta energía que sin duda los contagiaría. Y si amigos, ser mamá es toda una experiencia, un viaje en el que uno no deja de asombrarse y aprender aunque apenas tiene tiempo para respirar.
Quizá pocas personas hablen abiertamente de ello y quizá para muchos parecerá obvio pero cuando me convertí en mamá, murió una parte de mi pero nació otra y hasta ahora he tenido mucho (MUCHO) qué hacer maternando la muerte, criando a la hija y cuidando de la nueva yo.

Aprendí a patinar y me mudé de casa, trabajé en una sociedad civil donde conocí personas increíbles que rápidamente se hicieron parte de mi historia, empecé a trabajar en un Centro de Atención Múltiple que era mi sueño desde que empecé la carrera y no he dejado de aprender un sólo día en ese lugar.
Fortalecí vínculos sentimentales muy fuertes y que han significado mucho y descuidé otros que también eran muy fuertes. Y a pesar de ello, aún no comprendo como funciona el vaivén de las emociones y los pensamientos humanos. Somos un misterio que sigo tratando de resolver.

De pronto, me doy cuenta de que en éstos años pasó tanto y tan rápido que no sé bien como explicarlo todo. Sin embargo creo que ya les he dicho lo más importante y con ésta breve entrada me permito amigos, sacar un poco del polvo que había caído también aquí, sobre mis manos y mi teclado.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Veinticinco

Hace algunos días (semanas ya) que cumplí los veinticinco. Y vengo para confirmarles que es a ésta edad cuando uno se da cuenta de que hay mucho más por vivir y se empieza a renunciar a la idea de morir joven. Tal vez por que comenzamos a creer que ya no somos jóvenes.
Pero si lo somos ¿o no? Yo me siento aún bastante inmadura como para ya no ser joven, bastante inmadura como para tener ya los veinticinco, creo que por eso estoy aquí preguntándome tonterías.

Han pasado veinticinco desde el 89, hay cosas que se han ido...la abuela y la inamovible hora de irse a dormir por ejemplo, pero también hay otras que se han quedado como la emoción por el primer día de clases y los juegos con la hermana.
Mi memoria es capaz de traerme a la mente situaciones que acontecieron hace 20 años, los gustos y la ropa de mi niñez ya son vintage, las canciones de mi pubertad ya están incluidas en los discos de oldies que venden en el metro y los juguetes que llenaban mis cartas de Reyes ya son de colección.
Son veinticinco y parece que han sido muchos más. El mundo, la vida, la gente, el tiempo...todo va muy rápido.

Particularmente hoy me ha atacado cierta ansiedad por recordar acontecimientos de mi infancia, me he sentido muy ansiosa por que no desaparezcan.

No hay más conclusión que la lógica y contundente sentencia de que tengo la crisis del cuarto de siglo amigos...

martes, 1 de octubre de 2013

Cartas II

Hoy como tantas otras veces, me acordé de tí.
Si he de serte sincera, no me gusta mucho hablar acerca de ti con la gente, me queda claro que no te entienden y que piensan que soy una romántica por llevarte en mi pensamiento después de tanto tiempo...Que en realidad ni es tanto, tres años atrás nos conocimos y fuimos la pesadilla mutua durante todo un año, tal vez más.

Volviendo a la línea inicial de ésta carta, hoy me acordé de tí y el motivo es muy simple: al comienzo de éste ciclo escolar, cayó en mis manos un niño como tú, con el mismo diagnóstico que tú, pero con una historia muy distinta. Él es más grande que tú y sueña con ser chef, me agrada, como me agradaste tú pero de una forma diferente, no podría explicártelo.
Volví a pensar en que pude haber hecho más por tí, aunque tal vez me equivoque por que lo cierto es que hice todo lo que estuvo al alcance de mis posibilidades, pero intenta comprenderme...Quisiera volver el tiempo y estar ahí contigo de nuevo pero con la experiencia de hoy, quisiera haber podido lograr que entendieras que no toda la gente iba a respirar dos veces antes de pedirte que dejaras de cantar y dar vueltas y que no siempre ibas a encontrar quien ignorara tus berrinches y que eso no era bueno para tí. Quisiera haber tenido las agallas suficientes para gritarle al mundo que no te miraran como si fueras de color azul y que si tú no aprendías a leer, el mundo no se iba a caer a pedazos pero tampoco iba a estar esperando a que lo consiguieras y que lo mejor que podíamos haber hecho por tí era enseñarte a convivir sin intentar someterte al molde.
No necesito decirte que no lo hice. Pasé por tu vida y me fui esperando que a mi partida se te diera el trato que yo te di y no fue así. Tal vez la vida nos reúna más adelante o tal vez no.
Confío en que al menos cerca de tí haya alguien que se ocupe de lo esencial y tú, pequeña mía, puedes confiar en que yo haré con los niños que lleguen a mi lo que hice contigo...Y un poco más.

Siempre te llevo en mi pensamiento.
Octubre 2013

martes, 15 de enero de 2013

Primer libro

Recuerdo con claridad el primer libro que leí...lo encontré un día husmeando en los cajones de mi madre cuando apenas tenía 6 años. Me gustaba abrir uno de sus cajones en especial por que en el guardaba todas sus cosas de médico: botiquín, estetoscopio, otoscopio, abatelenguas y demás instrumentos que de solo verlos te sentías enfermo.
En ese cajón había también varios libros que nunca antes habían llamado mi atención; pero un buen día, el libro del Principito resbaló de entre las cosas de mi madre y cayó al suelo. Ví que en la portada se dibujaba un niño y automáticamente pensé que era un cuento. Me recargué en el filo de la cama y comencé a leerlo, de pronto me cansé del suelo frío, guardé el libro y me fui a jugar a otro lado. Varias veces repetí la operación hasta que un día mi madre me encontró sentada frente a sus cajones con el libro entre mis manos y me dijo: "llévatelo a tu cama" y me prestó un separador.
No sé a ciencia cierta cuanto tiempo después terminé por fin de leer "El principito" pero lo que sí se es que hoy, 18 años después, sigue muy viva en mi cabeza aquella imagen de la serpiente digiriendo un elefante y se también, hoy más que nunca que en efecto, los adultos no entienden nada.

jueves, 25 de octubre de 2012

Días de muertos

Ésta mañana vi en el frente de una casa cercana a la mía, una sábana manchada de rojo que cubría un bulto que descansaba en el pavimento. Tras la obvia impresión, caí en la cuenta de que no había ninguna cinta de "no pase" ninguna patrulla, ningún curioso, ningún nada. Mi madre me señaló -no sin ironía- que obviamente aquello era por el halloween.
A mi me pareció excesiva la forma de "asustar" al transeúnte con ese pretexto y rápidamente expuse mi queja ante la única que podía escucharme en ese momento: mi madre. "Pero es que los niños..." alegué yo."Los niños de ahora saben perfectamente de que se trata la situación, los más pequeños no alcanzan a entender lo que tú sí entendiste y los más grandes no creen que sea verdadero" dijo ella.
No discutí más pero continué pensando en todo ésto del halloween y concluí por primera vez en mi vida (durante un tiempo creí que el día de muertos y el halloween podían llevarse bien y sobrevivir a la mezcla en santa paz) que es algo verdaderamente ajeno a nosotros, mexicanos. Rechazo abiertamente desde hace varios años éste "festejo" pero siempre lo había hecho bajo un motivo vago y de discurso pre-diseñado: "no es un tradición mexicana" y si bien, no es una tradición autóctona, actualmente está considerablemente arraigada en la gente.
Pero volviendo a mi conclusión, puedo afirmar que es algo muy ajeno en lo más íntimo del
mexicano y que incluso resulta un factor contra-cultura por que apela al miedo. Los hallowinistas se disfrazan para infundir miedo y sienten  miedo por morir y por todo lo relacionado con la muerte. El mexicano por el contrario, no teme morir (o al menos, el mexicano antiguo, el no alienado), ve la muerte como parte de la vida misma. Pero lo ve de éste modo con toda su fe, no de dientes para afuera.
No comparto la opinión generalizada de que el mexicano "se burla de la muerte", más bien creo que la reconoce, que no la niega y la hace parte del cotidiano y por eso la viste de catrina y le escribe poemas, la
pone en la mesa y la regala al amigo por que para el mexicano la muerte está ahí, todos los días y no  hay motivo para temerle. Se les recuerda a los muertos y se les llevan flores y ofrendas, por que ellos también están ahí...

Comprendo que hemos adoptado -en cierto modo- todo éste merequetengue del halloween, pero espero con ferviente deseo, que dicha adopción si sea de dientes para afuera...y que por dentro (incluso de forma inconsciente) mantengamos vivo al mexicano que no le teme a la muerte pero que tampoco la  venera, simplemente la reconoce y le pela los dientes en una sincera sonrisa...

lunes, 10 de septiembre de 2012

Taco de la mexicaneidad

En el año 2000 yo cursaba el 5° grado de Primaria y un día como cualquier otro, estaba sentada en mi mesabanco doble, prestando atención a la clase.
En cierto momento del día, comenzamos a revisar el tema correspondiente a Geografía. No recuerdo con exactitud las palabras que componían el título de la lección, pero recuerdo claramente que era algo sobre "Actividades económicas". Leímos el libro de texto, seguramente hicimos algún apunte y cuando la maestra explicaba al frente de la clase y dibujaba/anotaba ejemplos y aclaraciones en el pizarrón, sóltó la frase: "Por eso se dice que aquel que no ha comido un taco de frijol con chile, no es mexicano"...
Me pasé el resto de la clase y gran parte del día tratando de recordar si  alguna vez había comido un taco de frijol con chile...No recordé haberlo hecho y en algún punto de mi inconciencia me sentí menos mexicana.

Cada vez que revivo aquel momento, me pierdo tratando de recordar si en alguna ocasión he ingerido aquel taco muestra de mexicaneidad...Y aunque seguramente lo he comido en múltiples ocasiones y variantes, nunca consigo recordarlo cuando me acecha mi memoria infantil...

Que curiosos son los momentos que la gente recuerda y que impacto tiene lo que decimos sobre las mentes infantiles.

martes, 18 de octubre de 2011

Opinión globalizada


Tal vez mi actual problema es que tengo demasiado tiempo para ver televisión.

Hace unas horas estaba sentada en la sala de casa viendo el noticiero que se acostumbra. La conductora anunció un video "fuerte" y pidió que de haber niños frente al televisor, se les retirara de su sitio durante un momento. Enseguida, su compañero dio la entrada al video en el que se pudo observar (apoyado con una narración) a una pequeña de aproximadamente 2 años de origen japonés caminando sola frente a unas bodegas, la niña llegó hasta media calle (que se veía estrecha y rodeada de negocios y personas) y se detuvo, justo en el instante una camioneta la embistió y se detuvo antes de que las llantas traseras terminaran de atropellar a la niña, pero en el instante retomó su camino y las llantas traseras de su camioneta, también pasaron por encima de la pequeña. La camioneta no se detuvo y salió de cuadro, segundos después un nuevo vehículo pasó por encima del cuerpo de la niña y tampoco se detuvo. 
Casi en el mismo momento, pasó una especie de bicitaxi y algunas personas, vieron a la niña, pasaron por su lado y algunos incluso la esquivaron. Nadie se detuvo.
Un instante más tarde, una señora toma a la niña y la lleva hasta la orilla de la calle, y la recuesta junto a unos bultos, voltea a todos lados pidiendo ayuda (a decir del narrador) y prontamente se acerca otra mujer y toma a la niña en brazos y sale de cuadro.
Los conductores del noticiero comentaron entre ellos que la mujer que tomó en brazos a la niña la llevó al hospital y que al parecer, la pequeña murió; también informaron que el inmueble del que sobresalían los bultos (mismo que anunciaron como bodega) era un mercado donde trabajan los padres de la menor.

Una situación lamentable. 

Los conductores del noticiero siguieron cruzando comentarios al respecto pero hubo dos que en particular llamaron mi atención:
"ésto pasó en Japón pero podría pasar en cualquier lugar del mundo"

Estoy de acuerdo, una situación similar puede sucederse en cualquier lugar del mundo. No perdamos de vista nunca, bajo ninguna circunstancia a los niños.

"ésto debe decirnos algo acerca de la indolencia y frialdad que mostramos todos en el mundo como seres humanos, que nadie se detiene a ayudar a una niña pequeña"

No puedo estar de acuerdo con eso, no puedo pensar que en cualquier lugar del mundo al ver a una niña recién atropellada, nadie sea capaz de detenerse a auxiliarla, no puedo creer que eso suceda en México particularmente. No imagino que en las calles de La Merced, los mismos comerciantes vean y esquiven "indolentemente" a la niña atropellada, no puedo imaginar que en las calles de cualquier mercado o bodega alrededor del país, nadie detenga a la niña desde que se enfila caminando hacia el arroyo vehicular. 

No todos andamos tan indolentes o tan fríos por la vida, señorita conductora. 
No globalice su opinión  por que afortunadamente los valores y las actitudes morales siempre serán cuestión de cada quien.

martes, 13 de septiembre de 2011

Viendo TV


Hace un par de horas estaba yo sentada frente al televisor sintonizando un programa de revista. De pronto, uno de los presentadores anunció y comentó un video en el que se podía ver a un hombre sosteniendo 8  pequeños platos con su respectivo vaso para té (el hombre era -según el presentador- egipcio, ahí el motivo de que sean vasos y no tazas). Una vez que logró sostener todos los platos, se dispuso a colocar 4 más de éstos en fila sobre una mesa que tenía a su costado, enseguida, con la mano derecha vertió un poco de té en el total de los 12 vasos, terminado ésto se dispuso a colocar en forma de torre los 4 platos de la mesa sobre los 8 que ya sostenía con uno de sus brazos. 
Podía verse que el hombre en cuestión trabajaba en un restaurante: llevaba un delantal blanco tipo mesero y a sus espaldas se podía ver una barra con tarjas de metal y ollas colgando de una viga metálica. 

Imagino que una vez que logró la proeza de colocar los 4 platos en torre, se dispuso a salir de la cocina y entregarlos a los comensales; el video terminó antes de que pudiera confirmarlo. 


El resto de los conductores del programa, comentaron el video con el presentador, girando sus comentarios en torno a la destreza y habilidad del mesero. Justo antes de que se presentara un nuevo video, una de las conductoras dijo: 
"- tráiganlo, yo lo contrato para mi casa-"
Nadie prestó mucha atención al comentario y prosiguieron a reproducir un video más y comentarlo.
Tal vez yo debí hacer lo mismo que ellos e ignorar el comentario de la conductora por que al final, resultaba irrelevante que lo dijera, irrelevante e incluso obvio y predecible.
Pero lo cierto es que pensé ligeramente en ello.

El hombre-mesero tiene talento para servir en un solo "viaje" 12 vasos de té, ¿qué va a hacer en una casa? Sin importar a quien pertenezca dicha casa. En ningún momento se dijo que él prepara el té o que también fuera un gran cocinero, su talento es servir sin derramar y sin romper 12 vasitos de té.

La conductora pasa fuera de su casa más de medio día y vive únicamente con sus 2 hijos. Suponiendo que en realidad terminara por contratar al mesero, el hombre en su casa vendría siendo más una atracción para las visitas que un mesero.

Tal vez resulte exagerado pensar que realmente lo va a contratar puesto que lo dijo en un momento en el que resultaba lógico decir algo así como una forma de "reconocer" el talento del hombre, sin embargo yo siempre he pensado que uno debe poner especial cuidado en lo que dice.
Nuestras palabras dicen mucho más de nosotros de lo que cualquiera se pueda imaginar.
La conductora estaba reconociendo la habilidad del mesero y en automático pensó en tenerlo para ella misma, para su casa y su deleite aunque el hombre únicamente pudiera servir grandes cantidades de té 1 vez por mes.

Me parece muy egoísta por su parte señora conductora querer hipotéticamente contratar para su servicio doméstico a alguien que encontró su habilidad y el lugar para desarrollarla en un lugar público, donde atiende a decenas de personas a diario.

Me quejo no de la conductora, si no de la actitud de querer para nosotros algo que brilla justo donde está.
Dejemos que cada quien encuentre su lugar sin pretender acaparar todo "lo mejor".

No llevemos la ambición a la frontera del absurdo.

martes, 7 de junio de 2011

Compartir

Yo tengo algunas cosas para compartir, no son muchas realmente y quizá tampoco tengan el sello de la mejor calidad pero están ahí, a la orden para compartir.
Tengo un par de abrazos y muchas palabras, tengo tiempo y espacio en un sillón, en una silla y en una mano. Tengo un beso pausado y una historia infinita, un olor a lilas y brisa matutina, un pedazo de papel y una cuchara.
Tengo canciones, caramelos y una sonrisa insistentemente chueca. Tengo muchas quejas y pasajes históricos. Un audífono, un "sí", un "no", un mal humor.

Y todo...para compartir. Del verbo: vívelo conmigo. No puedo regalártelo, perdóname. Ni a tí ni a nadie. Lo compartiremos y será nuestro, pero no puede pasar a ser solo tuyo, lo siento.

Mucho tiempo entre caminar y correr, regalé abrazos y ya sólo me queda un par, aventé sin mirar mis palabras y se olvidaron, envolví en pequeñas cajas mucho de mi tiempo y lo vi malgastado. Al dar el espacio de mi sillón y de mi silla, yo misma me quedé en el suelo. Mira mi mano, se ha hecho de cicatrices de tanto darse y olvidarse. Mi beso se pausa de miedo, no de ansiedad y al escuchar la historia infinita, podrás sentir las omisiones, los pedazos rotos, los inconclusos. De las lilas y de la brisa sentirás apenas una caricia y el papel que te ofrezco está arrugado y tiene borrones. La cuchara es de peltre y pareciera sacada de una película mexicana. Las canciones son cortas y con melodías tristes y es muy probable que no las hayas escuchado antes y tengas que prestarles mucha de tu atención; de los caramelos ¿qué puedo decirte que no sepas ya? seguramente te los daré en cantidad para después asaltarte furtivamente uno en cada oportunidad. Mi sonrisa chueca poco fotogénica y cada vez más inconstante. Mis quejas inacabables e incompresibles y pasajes de historia que cuento como si lo hubiese vivido...lo mismo la guerra de Vietnam que los asesinatos de chilenos allá por los 90's. Cosas que aburren a la gente... Mira si he de ser necia que te comparto un audífono para no perderme ni un segundo de lo que puedo ofrecerte. El "sí" que te puedo compartir, viene a cuenta gotas y llega de forma inesperada, el "no" te lo doy en un grito y en un sollozo inaudible. Te ofrezco vivir conmigo un mal humor del que no siempre serás protagonista...

Soy consciente de que no te ofrezco mucho y de que encima, te pongo condiciones. Pero ésta soy yo. Al menos puedo asegurarte que todo lo que te comparta, nunca te hará falta y siempre estará ahí tomando la forma de mi voz y de mi cuerpo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Diálogos I

-En los últimos días me he dedicado a aprender de forma involuntaria cuestiones de la vida que yo no había siquiera volteado a mirar. Es decir, sabía que existían y también sabía que estaban ahí, cerca, al acecho, cruzando la calle, abriendo la puerta, goteando del techo en las tardes lluviosas...Del mismo modo sabía que algún día se convertiría en una necesidad aprenderlas, pero no tenía prisa, no me causaban curiosidad y tampoco dedicaba mucho tiempo a pensarlas-

-¿De qué cuestiones hablas?-

-Cosas, de la vida, de esas que todo el mundo sabe. O todo el mundo las aprende, o casi todo el mundo. Creo que sí, que todo el mundo las aprende y las sabe pero en diferentes formas y en diferentes momentos y por eso las viven de formas distintas. De todos modos yo las estoy aprendiendo de forma involuntaria y eso lo hace distinto. O al menos eso creo-

-Sigo sin comprender de que cuestiones hablas-

-Pues cosas...lo realmente importante es que nos centremos en que el aprendizaje no fue decisión mía. Que sea involuntario, no debe ser la más brillante de las ideas. Creo que el hecho de llevarlo de ese modo, va a resultar doloroso y va a provocar confusión. Aunque no sé, también he pensado que el ser humano aprende muchas cosas de ese modo-

-A mí más bien me parece que te estás resistiendo a aprenderlo (sea lo que quiera que sea de lo que hablas). Lo que no sé es ¿por qué te resistes?-

-Por que no es normal. Aprender ésto me llevará a situaciones que no son normales-

-Nunca te has distinguido por vivir situaciones "normales", ¿qué te preocupa?-

-No sé...-

-Averígualo y regresas....-



domingo, 24 de abril de 2011

Precios

Dice la maestra Cecilia que a veces, el precio por ser quienes somos es muy alto y cuando lo pagamos nos damos cuenta de que en realidad, no valió la pena.
Por su parte, Mulán dice que al demostrar quien realmente es, "gran dolor podría causar".

Yo le rebatí a la maestra Cecilia y muy sobrada de mí misma le dije que yo no lo creía, y que egoístamente, prefería pagar ese precio, por muy alto que fuera.
A Mulán no le discutí nada, pero igual lo pensé.

Justo en estos días, han llegado hasta mi puerta varios recibos que debo pasar a pagar por ser quien soy, algunos me llegan cada mes con la cuenta del teléfono y ya entran dentro del presupuesto acostumbrado, pero hay unos que son nuevos y que me llegaron con una suma que no sé si quiera pagar; pero pues tampoco puedo quedarme con la deuda eternamente...

martes, 19 de abril de 2011

Cartas

Perdí la buena costumbre de enviar cartas. No me acuerdo donde, mucho menos me acuerdo por qué pero sé bien que la perdí; o tal vez me la robaron. En realidad no importa mucho.

Los decires de Carla Morrison me hicieron desear enviar cartas y eso sí es algo que viene importando mucho para ésta entrada por que aquí es precisamente donde se me antojó enviarlas. Puede que sea por cobardía a enviarlas al destinatario único para cada caso o puede que sea por que quiero alardear de lo que diré en dichas cartas...en realidad no quiero ponerme a pensar en la génesis del asunto por que me llevaría a una introspección que ando queriendo evitar desde que me dí cuenta de que mi costumbre de enviar cartas había desaparecido.
Comencemos pues.

Seis letras dos puntos
No puedo decir que te merezcas una carta por que nunca he acostumbrado eso de dar las cosas por merecimiento, ten por seguro que si lo hiciera de ese modo, daría mucho menos de lo que doy de mi misma a los otros. No me malinterpretes, tampoco estoy diciendo que no te la merezcas, simplemente digo que te la quiero dar y punto. ¿Sencillo, no? Sé que para tí no lo es tanto.
Buenos los ratos que hemos compartido, la sombrilla que se posa justo por debajo de la nube negra que me sigue a donde voy, me dice en silencio que lo haga durar, que haya más ratos de esos, y yo, con voz bajita, casi en un susurro le pido que no me diga nada porque junto a tí he aprendido que cuando uno quiere embotellar esos momentos, es cuando menos buenos saben.
"Que duren" le digo y te digo así sin más.
No sé si te hayas formado una idea de lo mucho que te vengo queriendo en éstos días, pero pues en un lenguaje claro y suficiente te digo que te quiero como para darte un abrazo que dure mil años. Eso sé que si me lo entiendes.

............

Cinco letras dos puntos
¿Qué tan cercana se puede volver la gente? Alguna vez alguien me dijo que el amor es cuando las personas están cerca de tí de continuo, que el amor es cuando el hecho de que alguien esté contigo ya no representa novedad, que vives con ellas, te enojas con ellas y sigues amándolas con la misma intensidad, sin decepciones y sin ataduras. Habría que pensar al respecto pero sí algo sé es que estás en mi vida de continuo y sin novedad pero siempre con una sorpresa recurrente. ¿Cabe pedirte que te quedes? ¿Sí?, entonces te lo digo como la antesala del resto de la vida: Quédate.

............

Cuatro letras dos puntos
A veces me parece mentira recordar esa grieta que se abrió entre nuestras manos una vez, y sin embargo, vivo convencida que el buscar saltar la grieta es lo que nos tiene hoy sentadas aquí, justo al lado de la otra cantando canciones tontas y limpiando lágrimas en cada oportunidad. ¿Quién mejor que tú para hacerlo? ¿Quién mejor que yo para pedirlo?
Que importante te volviste de pronto, de rápido, de una vez y para siempre. Mi hermana, mi cuatro letras, mi chica. Esa que me canta vía mensaje de texto y recibe mis regaños vía tweet.

Los amos fitipaldis, sépanselo.
Paulina Vargas López


domingo, 17 de abril de 2011

Vuelo de prueba

Ayer llegué a la sala de espera con mi pequeña maleta y mis lentes de caricatura.
"Ésto es un sueño, en la vida real yo no uso lentes oscuros porque pues...no veo"
No había mucha gente en la sala, pero ese es un dato que viene siendo irrelevante y completamente natural si recordamos que ésto es un sueño.

-Señorita Vargas, acompáñeme- oí decir a una mujer alta y esbelta que apenas me miró y yo pues...hice lo que me pidió: la seguí a unos diez pasos por detrás.
-Éste es su uniforme y ahí esta su avioneta, recuerde que solo es el vuelo de prueba y no hay nada que temer-

¿Qué podía pasar si todo ésto es un sueño? Me puse el uniforme con el que me veía un poco temeraria y también un poco fuera de época: pantalones color arena con bolsas múltiples, zapatos del mismo color, blusa blanca sin mangas y mis lentes de caricatura; me subí a la avioneta y no tuve ni siquiera vértigo. Se sentía bien, a decir verdad.

-¡¡Tome el volante señorita Vargas!!, ¡¡Debe dar vuelta a la llave!!- me gritó la mujer esbelta que ya no se veía tan alta desde el asiento principal de la avioneta.
Levanté mi pulgar derecho y se lo mostré con una sonrisa chueca; en seguida tomé el volante con la mano izquierda y con la derecha dí vuelta a la llave. El motor de aquella pequeña avioneta comenzó a traquetear y las llantas empezaron a girar más rápido de lo que hubiera querido.
Todo ésto no es más que un sueño, un vuelo de prueba en un sueño.

En menos de dos minutos yo ya estaba volando aquella avioneta. Fue sencillo; era un sueño al fin y al cabo.
Dí algunas vueltas y me sudaron las manos al ver lo lejos que estaba de la sala de espera. Sentí el aire en mi rostro y ninguna gota de brisa empañó mis lentes de caricatura.
Todo salió bien, un vuelo de prueba digno de un buen sueño.

Logré aterrizar a unos metros del lugar de despegue y es que bueno, no todo podía ser posible aún siendo un sueño.
Descendí de la avioneta y comencé a sentirme mareada, no vi a la mujer esbelta por ningún lado y tampoco tenía mucha idea de donde buscarla.
El mareo se hizo considerablemente más intenso y logré sentarme antes de caer desmayada porque eso hubiera sucedido. Es un sueño y puedo adivinarlo.

Sentí que alguien me sacudía tomándome por los hombros y abrí los ojos esperando ver a la mujer esbelta a través de la negrura de mis lentes de caricatura, pero no.
Lo que vi fue la claridad del rostro de mi maestra, de mis maestras, todas ellas en una sola.

-"Toma el volante y gira la llave Paulina, éste es el bueno"- dijeron ellas al unísono y supe que no era más un sueño, mucho menos un vuelo de prueba.


jueves, 10 de marzo de 2011

De camino

Ésta tarde, de camino a la biblioteca Vasconcelos, le puse mayor atención a la gente. Es decir, regularmente lo hago pero termino dispersándome, siempre encuentro algo que me desanima y prefiero mirar hacia las ventanas, mis uñas, el reloj que está en el tablero del microbús, en fin... siempre hay algo que mirar.

Pero ésta tarde no encontré nada que me molestara lo suficiente como para distraerme... eso, o mis niveles personales de tolerancia se encontraban altos. Quizá nunca lo sepa.
El punto es que hoy, viendo a la gente, vi a alguien diferente. Vi a una de esas personas que desde que nace, se sabe que es diferente. Todos los que la vemos, y tenemos la cordura adecuada ( más no la suficiente) podemos darnos cuenta. La vi largo rato, y si se dio cuenta, pareció no importarle demasiado. Supongo que ya está acostumbrada a que la miren y su benevolencia la obliga a no sentirse ofendida.

Me pareció bonita, pero incluso en su belleza, era diferente. Era fácil encontrarle uno que otro defecto, pero no por ello dejaba de ser bonita.
Seguro que la mayoría no piensa lo mismo que yo. A las personas les gusta lo común por que los hace sentir en sintonía. Lo que es común, casi por descontado, también es cómodo.

Veinte minutos duró mi camino y debo confesar que en más de una ocasión sentí la tentación de hacer lo que venía haciendo el resto de la gente. Pero fui lo suficientemente fuerte como para recordarme que aquello no estaba bien y que en ella, había más de mí de lo que ambas podíamos reconocer.


sábado, 26 de febrero de 2011

Pido un aplauso

Parece que ya se ha vuelto costumbre eso de escribir cuando no ando de muy buen humor.

Estoy sentada en esa silla que hace ya varios meses mi padre me comprara en mitad del camino; uno más de esos caprichos de niña pequeña que el señor tiene a bien -y a mal- cumplirme. Me encuentro frente a la vieja mesa de mi abuela de la que pude obtener la custodia gracias a los poderes de mi madre. Al comenzar ésta entrada, se escucha "Lo pasado, pasado" en voz de "La maldita vecindad", con ellos o con José José o con Juan Gabriel, o con algún aventurero del karaoke, todos la hemos escuchado, al menos una vez.

Hoy me supo diferente. Hoy si sentí que lo pasado ya no me interesa, y pido un aplauso por ello. No lo pido por el amor que a mí llegó por que ese, se esconde y encuentra escondrijos cada vez que alcanzo a divisarlo, pero al menos, tengan, mis estimados, la indulgencia de aplaudir junto conmigo por que lo pasado, ya no me interesa.

sábado, 19 de febrero de 2011

Asuntos importantes

No tengo muy buen humor el día de hoy.
Me preocupa mi tesis y mi titulación. Sé lo que tengo que escribir y sé como escribir, pero no logro conectar ambos saberes.
Pesa demasiado sobre mi mano -y aún más- sobre mi cabeza todo lo que se espera de ese documento, todo lo que se rumorea sobre mí escribiéndolo. Jamás he sabido rendir cuentas de lo que hago y por el momento no es la excepción. Escribir algo y pensar que en pocas horas mi asesora lo estará leyendo, me congela; encuentro entre mis palabras, mil errores que seguramente ella verá y ante los que marcará correcciones con tinta roja.
Mi asesora es una bella persona y me tiene paciencia, no quiero que ésto se malinterprete. Seguramente lee mis trabajos como lee los del resto de mis compañeros y corrige los mismos errores, pero mi egocentrismo me hace pensar que les presta una especial atención, y por lo mismo, las cuartillas se reducen cada vez un poco más y mi mente se cierra con mayor ahínco.
No quiero quedar bien y tampoco quiero impresionar a nadie; a decir verdad, no sé muy bien lo que me pase. Sólo sé que voy lento, excesivamente lento y que eso me preocupa.

domingo, 23 de enero de 2011

Clementina

Hoy no puedo hacer más que llorar. De todas las personas puedo tolerarlo, soportarlo e incluso, acostumbrarme a ello. Pero no de tí.
Nos vamos a terminar matando la una a la otra y habrá ganado la que muera primero por que la culpa se comerá lo que quede de la otra.

Clementina: abre tus ojos y mírame ahora. Ve lo que has hecho de mí. Reconócelo y vete, como siempre lo haces, huye si así lo prefieres, pero déjame saber que al menos, te has dado cuenta de que todo es por tí.

martes, 4 de enero de 2011

La fiebre y sus amenazas

Anoche me fuí a dormir con la voz de Cerati que se ha vuelto una terrible obsesión.
La voz de Cerati me llevó a pensar en un joven de mediana estatura con cabello rizado caminando hacia mí y mi acompañante enfundado en una chamarra de cuero. El joven de cabello rizado y chamarra de cuero me llevó a pensar en otro joven, en uno más alto y extremadamente delgado que lo mismo me sonríe que me regaña y me abraza. El joven alto me llevó a pensar en una niña de coletas sentada en una banqueta platicando con un niño tímido y callado. Ambos niños me llevaron a pensar en una temerosa clase de catequesis en una casa habitación oscura. La clase de catequesis me llevó a pensar en una iglesia de pueblo con el atrio lleno de pasto y aves. La iglesia y su atrio me llevaron a pensar en una quinceañera con vestido lila, sonriente y hermosa como nunca en su vida. La sonriente quinceañera me llevó a pensar en la pintura nocturna de un bosque y la imposibilidad de transportarlo debido a su tamaño. El tamaño del cuadro me llevó a pensar en una tarde lluviosa y en un grupo de jovencitas de secundaria mojándose a media calle. La lluvia y las jovencitas me llevaron a pensar en la fachada de una casa rústica y acogedora. La fachada de la casa me llevó a pensar en un joven alto y bien parecido resguardando cuadros en la sala de su casa. El joven, me llevó a pensar en una niña llorando con la cara hundida en el pecho de una señora que por todos los medios trataba de distraerla de la aguja que se aproximaba peligrosamente a su brazo.
La niña y la señora me hicieron pensar en mí y en mi miedo.
De manera egoísta terminé pensando en mí y en mi miedo a las ausencias. Dios sabrá los caminos que toman mis recuerdos para aterrizar en mí después de haber viajado por incontables escenas.
Y pensar que todo comenzó con la voz de Gustavo Cerati.

domingo, 2 de enero de 2011

Fin de año

Apenas creo que el 2010 dejó caer su día 365.
Ahora vengo a recordar lejano y polvoriento el pasar del tiempo en ese veinte diez que me pareció tan prometedor, tan lleno de cosas buenas y dulces, cosas rosa pastel... y que terminó siendo un año lleno de duros tropiezos y de lecciones sangrantes.

Se acabó el año del bicentenario y del centenario, año de los dos sucesos más importantes de la historia nacional. Y como México festejaba su Independencia y su Revolución, no podía yo, menos que unirme a ésta gran celebración, emulando lo acontecido hace tanto.
Comencé la hazaña con la mínima diferencia de que yo primero inicié una extenuante y dificultosa Revolución para pasar después a firmar los tratados de Independencia.

No haré recuentos de pérdidas ni nombraré todos los inmuebles que cayeron en calidad de cenizas tras haber explotado, tampoco pediré minutos de silencio por todas aquellas gotas de agua salada y glóbulos rojos que gastaron sus vidas y dieron su último suspiro en los desolados y siempre secos campos de batalla.
No hablaré sobre nuestras derrotas, ni sobre el enemigo, tampoco hablaré de las veces que sin fuerzas y con heridas mortales me dejé caer de bruces sin importarme absolutamente nada.

Eso, ya es historia y aunque mi dolorosa memoria guarda las escenas con recelo, la palpitante esperanza que me llega en forma de mensaje texto, de llamada, de caramelo, de canción, de intermitente luz naranja en mi pantalla, me recuerda que la historia no es preciso repetirla a diario, me recuerda que basta con honrarla, dándole su lugar en los cimientos y no en las emergentes ramas.
Me recuerda mi victoria y mi despertar...y por supuesto, me recuerda, que no estuve sola.

Se acabó...se acabó el veinte diez....